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Escarcha

De mis lagos de orillas párpado

te dibujé

como ingrave en la brisa.

 

Jugaste allí,

entre hilos de luz

y suspiros de sombra,

hasta mezclarte

conmigo en mí,

como se mezcla un cielo

con el horizonte en que nace.

 

Posaste tu sonrisa

sobre mi frente,

-mi laberinto de aire-,

y llevaste palabras

de donde te encontré

a fuera.

Dijiste:

-¿Vienes?

-Claro.

 

Y nos íbamos.

Y nos íbamos lejos.

Y nos íbamos lejos siempre

a las lunas de nunca,

que es un dónde aún dormido,

y volvíamos tarde ebrios.

Y volvíamos tarde.

Y, sí, volvíamos.

Y entre este huir

y este otro huir del huir,

decorábamos la guarida.

 

Y al morder de los sueños,

hundíamos el pecho de papel

en otros lagos,

con otras luces y otras sombras,

para seguir moviendo

lo inmóvil:

el azahar del azar.