Rammstein

Componentes de Rammstein.

1 de enero de 1994. Los primeros albores del año alcanzan el mundo con la sorprendente crónica del alzamiento de los insurgentes zapatistas de los frondosos montes de Chiapas.

Si en la primera jornada de un ejercicio ya recibimos una efeméride como esta, algo nos indica que ese año vendrá cargado de fechas recordables y que sus dígitos quedarán impresos indeleblemente en el transcurso de la infinita e irreal historia universal. Esta suposición se confirmó cinco meses después con la llegada de Nelson Mandela a la presidencia de Sudáfrica, convirtiéndose en el primer mandatario negro de un régimen tristemente reconocido por su racismo y sus políticas de Apartheid. Esos dos eventos ya son suficientes por sí solos para subrayar 1994 con rotulador rojo. Si en lo social, el mundo se vio alterado por estos hechos, en lo musical no hubo mayor noticia en 1994 que la trágica muerte del gran ídolo generacional del momento, Kurt Cobain, que añadía otro elemento fundamental para que el cuarto ejercicio de los eclécticos años 90 tenga ingente material sobre el disertar.

Esa muerte/suicidio/asesinato provocó un seísmo que influyó en gran medida en el nombramiento de 1994 como el mejor año en la historia de la música por parte de algunos medios de comunicación (véase GQ y Eldiario.es). Desde aquí creemos que es insensato determinar algo así ya que son muchas las variantes a considerar y demasiados los factores a tener en cuenta para otorgar semejante galardón, pero no podemos negar la importancia de la añada del 94, temporada prolífica donde las haya en exquisitas bodegas sonoras. Especialmente sabrosos fueron los caldos vertidos por el fulgurante sonido Seattle, cuna del grunge que en ese año vería florecer algunas de sus obras más reconocidas por parte de algunos de sus miembros más distinguidos como Nirvana (MTV Unplugged, epitafio musical de Cobain), Pearl Jam (Vitalogy), Soundgarden (Superunknown), Alice in Chains (Jar of flies) y Stone Temple Pilots (Purple).

Pero no solo un grunge en la cima de su popularidad fue protagonista musical del año sino que esa explosión de talento contaminó otras escenas como el brit pop (con la publicación de Definitely Maybe de Oasis, Parklife de Blur, y His ‘n’ hers de Pulp); el punk rock estadounidense (Punk in Drublic de NOFX, Smash de The Offspring, Dookie de Green Day, Let’s Go de Rancid o Stranger than fiction de Bad Religion); el rap de la East Coast (Ready to die de Notorious B.I.G., Ill Comunication de Beastie Boys, Illmatic de NAS); y otros discos inclasificables como el aclamadísimo Grace del desgraciadísimo Jeff Buckley, The downward spiral de Nine Inch Nails, los álbumes debut de Machine Head y Korn, el brutal Scratch the surface de Sick of it all, y el taladro percutor de Pantera en Far Beyond Driven. En fin, un año para amar a la música con mucha tela que cortar.


Pero, afortunadamente, hay vida (y mucha) tras el dominante mercado musical británico-estadounidense al que pertenecen todos los discos anteriormente mencionados. Y si hay que destacar un disco de 1994 por su importancia sobre la música no anglosajona es Sperm, de la banda alemana de Baja Sajonia, Oomph!. Dicho álbum daría una vuelta de tuerca al metal industrial, y ya se sabe que no existe mejor lugar en el mundo para industrializar cualquier cosa que Alemania. Este LP, segundo en la cuenta de la banda germana, ha sido señalado como el punto de partida de una corriente musical basada en sonidos electrónicos y góticos fundidos en hornos industriales con metal y rock alternativo que se denominaría Neue Deütsche Harte (NDH), «la nueva dureza alemana» cuyo nombre hace un guiño a la corriente Neue Deütsche Welle («la nueva ola alemana») de los años 70.

Rammstein

Fotografía promocional del Live Aus Berlin, primer LP en directo de Rammstein.

La NDH se caracteriza por la presencia de guitarras hiperdistorsionadas, la adición de samplers y la utilización de la lengua germana como medio de expresión lírica. Con estos elementos y gracias a la publicación de Sperm nace como corriente en el año 1994, año en el que se conforma la banda que elevaría de tal manera al género que se asociaría inevitablemente con él hasta la fecha: Rammstein. La conjunción musical formada por Till Lindemann, Richard Z. Kruspe, Oliver Riedel, Paul Landers, Christian ‘Flake’ Lorenz y Christoph Schneider, procedente de Alemania del Este, solo necesitaría un álbum para demostrar su papel nuclear en la Neue Deütsche Harte y para evidenciar que una banda puede ser exitosa en todo el mundo con letras cantadas en alemán. Un año más tarde se publicaría ese disco, Herzeleid, y la historia cambiaría para siempre.

«El idioma alemán queda bien con el heavy metal. El francés podría ser el idioma del amor, pero el alemán es el idioma de la furia».


Herzeleid (1995)

El álbum debut de Rammstein es sin lugar a dudas, y con permiso de su segundo LP, el principal exponente del sonido industrial dentro de su discografía. Fruto de un tiempo que visualizaba el futuro con implantes cerebrales, biónica industrial y finales catastróficos de milenio, Herzeleid ponía expresión sonora a ese sentimiento generacional que llenaba el imaginario popular de la juventud con imágenes negras llenas de circuitos y polución neofuturística. El autodenominado estilo tanzmetall (metal de baile) de Rammstein alcanza aquí su cénit en un álbum que contiene un buen puñado de canciones como Du Riechst So Gut -sin duda una de las joyas de su discografía-, Rammstein -que fue incluida en la banda sonora de Carretera Perdida de David Lynch junto a otros industriales como Nine Inch Nails y Marilyn Manson-, Asche zu asche, Seemann, o la propia Herzeleid.

Weisses Fleisch resume a la perfección el contenido de los once cortes de Herzeleid. Rabiosos riffs recién sacados de la fundición, samplers ideados en cabinas de fábrica y el implacable bombo de Christoph Schneider marcando los pasos de baile de los  enfervorecidos por la posesión industrial.


Sehnsucht (1997)

Con su segundo disco, llegó el éxito masivo para la banda alemana, gracias en gran parte a su canción más reconocida hasta la fecha, Du Hast. Curiosamente, Du Hast ni siquiera fue el primer single designado por el sexteto para la presentación de Sehnsucht, para lo que se decantaron por la grandiosa Engel, otra de las perlas de esta Nostalgia (traducción de Sehnsucht). Aparte de una evidente evolución en la producción del álbum, especialmente apreciable en la hipervitaminada distorsión que emanan las guitarras, Sehnsucht es el heredero natural de Herzeleid, manteniendo su línea de sonido dance industrial -apreciables en Sehnsucht y Bück dich- a pesar de que ya se vislumbran evoluciones sonoras que explotarían en su siguiente álbum.

Carátula de Sehnsucht. Fotografías del artista austriaco Gottfried Helnwein.

En Klavier podemos apreciar esos matices que ya en Sehnsucht van enriqueciendo las composiciones de Rammstein. Su estructura que intercala fragmentos de balada con estribillos bañados de distorsión y nostalgia que aparecen en «Piano» serán un sello constante en su posterior discografía.


Mutter (2001)

Si con Du Hast Rammstein ya subió su pata a la mesa de los grandes grupos a nivel internacional, con Mutter llegó su consagración mundial. El cénit de su sonido que sufrió un ligero viraje del corazón de la música industrial hacia sonidos menos recargados y más potables para un gran público que abrazó este disco como uno de los mejores del siglo XXI. El grueso de los grandes éxitos que nutren buena parte de los conciertos de la banda germana salen de este álbum: Links 2 3 4, Sonne, Ich will, Feuer frei! -tema que aparece en la banda sonora de xXx-, o Mein herz brennt. Es difícil buscar una canción infravalorada digna de ser mencionada aquí, no en vano sus seis primeras canciones fueron lanzadas como singles en un disco que alcanzó récords de ventas en Alemania, Austria o Suiza, entre otros muchos países.

Pero si hay que señalar con la etiqueta de cara B, podemos quedarnos con dos grandes canciones. Por un lado, Zwitter, corte que engarza con precisión un estribillo pegadizo con fragmentos en los que predomina el muro sónico propio de Rammstein para construir una alegoría musical sobre el hermafroditismo y el amor narcisista, temas tratados en su parte lírica.

Por otro lado encontramos la emotiva Adios, que recorre la corta distancia entre las lágrimas y el enardecido puño en alto en una composición que sintetiza en ondas la adicción a las drogas de un músico que depende de la misma para poder crear:

«Él coloca la aguja sobre su vena y pide que entre la música entre el cuello y el antebrazo entra lentamente la melodía
Él saca la aguja de su vena la melodía sale de su piel los violines se queman a gritos las cuerdas cortan la carne
Nada es para tí, nada era para tí, nada queda para tí, para siempre».


Reise, reise (2004)

Tres años y muchos miles de discos vendidos después, Rammstein se enfrentaba al reto de mantener el éxito de Mutter con su cuarto disco. En él mantienen su clásica estructura de once canciones (presente en todos sus LPs) pero pisan el freno del metrónomo y cambian los samplers por orquestaciones más elaboradas para presentar composiciones más lentas y densas como la propia Reise, reise o el ultrapesado single Mein teil, con el que rompieron su norma de «tema duro letra suave, letra dura tema suave». Con críticas a ambos lados del Telón de Acero materializadas en Amerika y Moskau -con la colaboración de la cantante estonia de pop Viktoria Fersh– y la aparición de la melancólica Ohne Dich y de la excelente Keine Lust -célebre por su videoclip en el que la banda, podrida de éxito, se reúne para ensayar como obesas estrellas del rock-, aun queda espacio en su cuarto disco para un puñado de temas infravalorados.

Till Lindemann

Till Lindemann, vocalista de Rammstein.

Y de entre ellos hay que destacar a Los, un rara avis dentro de la discografía de Rammstein. Dejando atrás el predominio de los samplers y las guitarras con distorsión aplastante, en este corte los focos alumbran las guitarras acústicas y las armónicas que protagonizan los solos. Una delicia extraña dentro de su discografía en la que abundan los juegos de palabras, basados en el doble sentido de la propia palabra los en lengua alemana.


Rosenrot (2005)

Nacido durante las sesiones de grabación de su anterior álbum (realizadas en Málaga), inicialmente se planteó su lanzamiento como Reise, reise vol. 2 y como tal supone la continuación del mismo. A pesar de ser reconocido como el menos bueno de los álbumes de Rammstein, Rosenrot es una de mis debilidades personales y un disco que llega hondo para los incondicionales del grupo. Su inicio trepidante con Benzin y la explícita Mann gegen mann ya justifica por sí solo la escucha del disco, álbum que tras ese arranque baja el pistón para adentrarse en terrenos más intimistas con Rosenrot, Feuer and wasser, Wu bist du? o Ein lied y que tiene como elementos diferenciadores la polémica Te quiero puta, cantada en español, y la aparición de la lengua inglesa en la voz de Sharleen Spiteri, cantante de Texas en el corte Stirb nicht vor mir (Don´t die before I do).

En un disco en el que la vertiente nostálgica y baladera se adueña de gran parte de su metraje y se contrapone con sus habituales cañonazos, como Hilf mir o los ya nombrados Benzin y Mann gegen mann, Zerstören ejerce de equilibrio musical entre ambas caras de la moneda Rammstein. Con un título que poco invita a servir de eje (zerstören significa destruir), el séptimo corte de Rosenrot es una muestra de la capacidad de la banda germana para generar matices sonoros.


Liebe ist fur alle da (2009)

Tras la salida de Reise, reise y Rosenrot de manera consecutiva, hasta 2009 no aparecería el siguiente y sexto disco de la banda berlinesa, Liebe ist fur alle da («el amor está ahí para todos», LIFAD), esperado compacto con el que retomarían un favor del público tímidamente reducido con sus dos anteriores lanzamientos. LIFAD, cuyo lanzamiento fue precedido por una enigmática campaña publicitaria, fue número uno en las listas de ventas de álbumes de ocho países distintos y alcanzando sus mejores cifras tanto en USA como en UK. El álbum se vio envuelto en polémica, algo nada inusual en las composiciones de Rammstein, por el contenido sexualmente explícito de sus dos primeros singles: Pussy e Ich tu dir weh, canciones juegan con la ambigüedad lírica gracias a constantes juegos de palabras que confunden términos sexuales con críticas a la sociedad actual y cuyos videoclips tuvieron que ser estrenados en portales pornográficos debido al explícito contenido sexual de los mismos. Más allá del trío de sencillos lanzados –Haifisch sería el tercero-, Liebe is für alle da es uno de los discos más completos de su carrera con grandes canciones como las rabiosas B******* y Wiener blut -en la que unen psicopatía e influencias de Johann Strauss-, la delicada Frühling in Paris -con estribillo en francés homenaje a Edith Piaf-, y la balada Roter sand, que, a ritmo de silbido, pone punto final a un álbum-producto que raya lo notable en todas sus facetas.

Portada de Liebe ist für alle da, con imagen del reconocido fotógrafo español Eugenio Recuenco.

En Mehr («Más»), Rammstein hibrida una melancolía basada en delicados pasajes de teclado presentes en las estrofas con un estribillo en el que resaltan brutales fragmentos de metal industrial para narrar la historia de nunca acabar, la de la codicia humana:

«Nunca estoy satisfecho
Necesito mucho
Mehr».


Sin Título/Rammstein (2019)

Diez años no son nada si el resultado es el que todo el mundo espera de una banda como Rammstein. Con su disco sin nombre, el de la cerilla, el sexteto volvía a la carga tras una década de sequía discográfica, apenas regada con remixes, singles, directos, ediciones especiales y alguna que otra extensa gira mundial. Otra remesa de once cortes para posicionar el álbum como su mejor obra desde la dupla Sehnsucht/Mutter. No es poca cosa para una formación que ha pendido de un hilo durante este último decenio, y que no solo ha conseguido mantenerse unida sino que ha sido capaz de crear una de sus obras maestras veinticinco años después de sus inicios, algo reservado para los grandes de la música. Apenas unos segundos de Deutschland, primer corte y primer sencillo del álbum, confirman que Rammstein ha vuelto a lo grande, algo que confirman canciones como Radio, Aüslander, Zeig dich o Sex. Un regreso excepcional para una banda excepcionalmente grande.

En Puppe encontramos la canción menos convencional del álbum. Con una estructura inicial de balada y ritmo lento, sin aumentar las pulsaciones es capaz de enervar las fibras nerviosas a base de los gritos desgarradores que profiere Till Lindemann en el estribillo, alaridos que permanecen indelebles en la corteza cerebral de cualquier oyente del disco homónimo de la formación.


Rammstein es, después de más de veinticinco años de trayectoria, la banda alemana más reconocida a nivel mundial con permiso de los míticos (y aún en activo) Scorpions. Su potente sonido es el progreso natural de las escenas predominantes en su país natal con evidentes influencias de la música electrónica y del metal, sin olvidar el espíritu contestatario y provocador del punk y la visión comercial del pop. Esa ambivalencia hace de Rammstein el resultado de la (r)evolución de los sonidos que se han ido generando en su país natal: desde Kraftwerk,  Einsturzende Neubaten y Atari Teenage Riot a Oomph!, Die Krupps y DAF pasando por Modern Talking y Sodom. Un sonido original que les permitió desarrollar su idea de grupo mucho más allá de la mera composición musical, creando una marca con elementos clave diferenciadores como el uso de gran cantidad de pirotecnia en sus conciertos, la constante provocación -utilizando a menudo la teatralidad, sobre todo personificada en Flake Lorenz-, y, sobre todo, la cuidada imagen audiovisual de la banda, cultivada en sus numerosas ediciones especiales –Volkerball, Made in Germany, Live aus Berlin, Lichtspielhaus, In Amerika o Rammstein:París– y en sus originales videoclips para los que han contado con afamados directores como Jonas Åkerlund y que han resultado en joyas audiovisuales como Sonne o Deutschland. Pero entrar en ese tema ya es carne para otro artículo…