A principios de la década de los 80, cuando el heavy metal estaba demasiado ocupado en composiciones cada vez más recargadas y con más arreglos, Metallica dió un puñetazo en la mesa de ediciones, y con una actitud más irreverente llegó a ser una de las bandas más auténticas del panorama musical. Sin embargo, tras la muerte de su componente más carismático, la banda da un giro hacia el mainstream, que les reportaría un mayor éxito a nivel mundial, pero que supuso la pérdida de esa transgresión de tiempos pasados, seña de identidad propia del subgénero que ellos mismos habían creado: el thrash metal.

Metallica - Maldita Cultura Magazine

Metallica. Imagen: Charles Plater (Flickr)


No hay duda de que hay dos fases en la historia de Metallica, que tiene en su ya demasiado larga carrera (visto lo visto) 9 álbumes de estudio, a saber: Kill’em All, Ride the Lightning, Master of Puppets, …And Justice for All, Metallica (The Black Album), Load, Reload, St. Anger, y Death Magnetic. A estos hay que sumarle discos en directo como Live Shit: Binge and Purge, S&M, o The Big Four (concierto junto a las otras grandes bandas del thrash metal, Megadeth, Anthrax y Slayer), o extraños amoríos como el que surgió con Lou Reed y en el que engendraron ese aborto musical llamado Lulú (“I am the table”).

Como los datos bibliográficos de la banda los podéis leer en la Encarta, y teniendo en cuenta que iremos desgranando su historia a lo largo de sus discos de estudio, vamos directamente al mato.

Kill’em all (1983)

Y eso es lo que los ‘tallica boys’ tenían allá por 1983, un buen matojo de pelo en la cabeza que meneaban y mareaban con su headbanging. Con Hetfield y Ulrich dirigiendo la fragua, el borracho de Dave Mustaine, y el todo poderoso Cliff “alabado sea” Burton vivito y coleando, con sus dedos/puas galopando por las cuerdas del bajo, se forjó el inicio del thrash metal (que no trash, ojo) con un discazo más punk que heavy, Kill’em all. ¿A quién? ¡A todos, joder!

Hetfield y Ulrich ficharon a Cliff Burton después de que le vieran en directo tocando un solo que sería incluido en este álbum bajo el nombre de Anesthesia (Pulling Teeth). AdemásDave Mustaine fue sustituido por Kirk Hammett, de Exodus, durante el viaje que hicieron a Nueva York para grabar el disco. Este álbum contaba con más de 50 minutos de lo que todavía era speed metal.

Pero si esto es el inicio del thrash, hablemos de thrash. Cerrando el disco aparece Metal Militia, una de las canciones más pesadas y rápidas de la banda, pure thrash metal, pure speed metal. La milicia del metal que gobernará el mundo bajo un riff de acero. Es una marcha militar con paso ligero, con letra simple, al igual que la estructura de la canción. Esta simpleza queda muy patente en un gran número de canciones del álbum, algo que la banda irá abandonando según vayan alcanzando cierta madurez musical.

Ride the lightning (1984)

Este álbum supone la subida de categoría de los californianos. Abre con una guitarra acústica de 12 cuerdas con la intro de Fight Fire with Fire (intro compuesta por Cliff Burton), para dar paso a uno de sus riffs más agresivos y rápidos. Sirviendo Fight Fire with Fire como ejemplo, podemos observar como esa actitud adolescente que imperaba en el Kill’em all va dando paso a canciones musicalmente más complejas, y líneas armónicas más elaboradas.

El disco cierra con la instrumental The Call of Ktulu, el tema de mayor duración. Originalmente titulada como When Hell Freezes Over, Cliff Burton propuso su cambio en honor al relato de H.P. Lovercraft, The Call of Cthulhu, sobre esta deidad cósmica. Mustaine comparte los créditos de este tema con Burton, Hetfield y Ulrich, y de hecho la intro es similar al de la canción When del álbum The World Needs a Hero de Megadeth, y parte de la estructura se asemeja a la de su mítico tema Hangar 18. Hay que mencionar que durante gran parte del tema Burton se marca un solo de bajo brutal.

Master of puppets (1986)

Considerada por gran parte de la crítica y público como la obra maestra de Metallica, Master of Puppets salió a la venta en 1986. Ocho canciones componen este álbum, repleto de energía y agresividad desde el inicio hasta el final, desde Battery hasta Damage, Inc.

Disposable Heroes es una de las canciones antibélicas de la banda (en la línea de No Remorse). La mayoría de las canciones de este álbum cuentan con líneas armónicas, ya sea al inicio o durante la canción, pero Disposable Heroes ofrece un ritmo thrasero de inicio a fin, en una estructura lineal sólo rota por el sólo de Hammett. Sin embargo esto no tiene por qué interpretase como algo negativo, ya que la energía que transmite esta canción durante 8 minutos no te deja indiferente.

…And Justice for All (1988)

Ese mismo año ocurrió la tragedia. Cliff Burton perdió la vida en un accidente de autobús durante una gira en Europa. Tras esto, la banda deliberó sobre su continuidad, decidiendo finalmente realizar audiciones para encontrar un nuevo bajista. El elegido sería Jason Newsted, de Flotsam and Jetsam, y …And Justice for All salió a la luz en 1988. Newsted dijo hace poco no sentirse muy conforme con su participación en este disco, ya que la pista de bajo es casi imperceptible, al parecer por iniciativa de Hetfield y Ulrich según lo dicho por Flemming Rasmussen, productor de este álbum que ya había participado también el los dos anteriores.

Sea como fuere, …And Justice for All es un disco denso, con más arreglos y bastante más oscuro que los anteriores, que expresa la rabia tras la pérdida de Burton. Las letras del disco tratan en su totalidad (salvo la instrumental To Live is To Die) temas de crítica social, destacando problemas medioambientales (Blackened), la corrupción en el sistema judicial (…And Justice for All), o la censura (Eye of the Beholder).

The Frayed Ends of Sanity es una de las canciones que mejor expresa esa rabia contenida en el disco. Abre con la melodía que cantan los guardianes del castillo de la malvada Bruja del Oeste, de la película El Mago de Oz, para dar paso un riff de cadencia lenta y un ritmo fuerte con el que Ulrich demuestra que no fue tan mal batería como hoy día aparenta.

Tras To Live is To Die, canción instrumental del disco compuesta a partir de riffs que Cliff Burton había dejado tras su muerte (en ella podemos escuchar perfectamente como las guitarras lloran y se lamentan), el disco cierra con Dyers Eve, la canción más rápida y thrashera del álbum. Ulrich muestra de nuevo sus credenciales como uno de los mejores baterías de aquella época. Se repite la fórmula de utilizar una canción arrolladora para el broche final, como ya habían hecho en Kill’em all con Metal Militia, y en Master of Puppets con Damage, Inc.

Metallica (The Black Album; 1991)

De la mano de Bob Rock como nuevo productor (al que ficharon por su trabajo en Dr. Feelgood de Mötley Crüe), en 1991 se produce una inflexión en la trayectoria de la banda californiana con la publicación del conocido como The Black Album. Este disco supone el abrazo de Metallica al mainstream, que se traduce en un mayor éxito y una mejor posición en las listas de ventas.

Quizás Holier Than Thou mantiene el ritmo de otros tiempos, que aunque no llega a la agresividad y velocidad de temas pasados, es al menos el más rápido de este álbum. Destaca el trabajo de Hetfield en la parte vocal, apoyada por unos coros excelentes.

Load & Reload (1996 y 1997)

Pensados como un único álbum doble, fueron finalmente publicados con tan sólo un año de diferencia, y supuso la pérdida definitiva de la identidad thrash que definía Metallica hasta el Black Album. Para algunos puede ser difícil determinar si el Black Album fue el final de un tiempo o el inicio de otro, pero no hay duda de que las diferencias entre …And Justice for All y Load van más allá de los 8 años que separan a ambos álbumes. Tanto Load como Reload están plagados de canciones que jamás tendrían cabida en los cuatro primeros álbumes de Metallica.

En los artículos Cara B de Maldita Cultura intentamos “mostrar” esas canciones menos conocidas de grandes grupos, que no llegaron a hit en su momento, pero que creemos son igualmente buenas, e incluso mejores. Sin embargo, si quitamos esas canciones a estos dos discos, canciones como Hero of the Day, Until It Sleep, Fuel, o The Memory Remains, ¿qué nos queda? Pero para no tener que sacar una sección Cara Z dedicada a estos discos, y a lo que vino después, haremos ese esfuerzo sin intentar aburrir.

En Load, cerrando el disco encontramos The Outlaw Torn, una canción con un trabajo notable por parte de James Heitfield en la parte vocal. El título hace referencia al libro de Edgar Rice Borroughs The Outlaw of Torn. El solo final, a cargo de Hetfield, tuvo que ser cortado ya que un CD no podía exceder los 79.59 minutos de duración, y este álbum dura 78.59. En el single de The Memory Remains puede escucharse la versión completa de esta canción, con una duración de 11 minutos.

En Reload destaca Devil’s Dance, canción con baja cadencia y potente, un ritmo más cercano al groove metal (similar a Sad But True del Black Album). Carece totalmente del ritmo thrash (como todas de ambos discos), y vuelve a destacar la parte vocal de James Heitfield.

St. Anger (2003)

Hasta el año 2003, en el que St. Anger salió a la venta, pasaron 6 años en los que se sucedieron una serie de pequeñas convulsiones que minaron la salud del grupo. Pero antes de esto, en lo que fue un acierto de ventas, vio la luz en 1998 el álbum Garage Inc., disco en el que versionaban a grandes grupos como Black Sabbath, Motorhead, Queen, y Diamond Head, entre otros, y similar al Garage Days Re-Visited publicado años antes. Además, en 1999 se publicó el directo S&M junto a la Orquesta Sinfónica de San Francisco, una más o menos buena compilación de canciones, con una dimensión extra aportada por la sinfónica.

A partir de aquí llegaron grandes problemas mediáticos por su implicación en la denuncia contra Napster, un portal web de descarga de música, lo que les supuso amplias críticas de una gran parte de los fans. Casi al mismo tiempo, el excesivo control de Hetfield sobre Metallica le llevaron a una disputa con Jason Newsted sobre la implicación de este último en proyectos paralelos, y que acabó con la salida del bajista de la banda.

Sin bajista, el grupo decide meterse en el estudio para grabar el que sería su octavo disco. St. Anger supone para mí un gran conflicto personal, ya que es evidente la pérdida de calidad musical y la falta de ideas, de solos de guitarra, sumado a la maldita gracia de Ulrich de no apretar las membranas de la caja, que suena como un tambor de hojalata, y al tono de voz de Hetfield, irreversiblemente dañado por litros y litros de vodka. Pero con todo esto, y salvo mierdas épicas como Invisible Kid o All Within My Hands, el disco me puede llegar a gustar por su agresividad y potencia. Una prueba de ello es la versión que un grupo de amigos regrabaron y subieron a Youtube, que mejora a la versión original y que es la única recomendación que haré aquí.

Death Magnetic (2008)

Tras el fracaso de crítica y público de St. Anger, deciden buscar las esencias del pasado. Death Magnetic vuelve a ser un disco cercano al thrash metal de tiempos mejores, aunque sin la misma calidad en las composiciones. La maltratada voz de Hetfield se siente más cómoda con un tono menos forzado, y vuelven los solos de guitarra y el sonido clásico de la batería. The Day That Never Comes no es One, Suicide and Redemption no es Orion, All Nightmare Long no es Ride the Lightning, y My Apocalypse no es Seek and Destroy. Sin embargo, Death Magnetic es el mejor disco de Metallica desde el Black Album, gracias en parte a la salida de Bob Rock como productor.

Broken, Beat & Scarred es una de las mejores canciones del disco a mi juicio. Vuelven los riffs poderosos y rápidos, una estructura en ascenso que rompe con un cambio de ritmo y un duelo de solos entre Hetfield y Hammett.


Metallica Covers - Maldita Cultura Magazine

Metallica ha sido, quizá, la banda más exitosa en la historia del metal, debido al giro comercial que dieron a partir del Black Album. Pero que nadie se equivoque, sus mejores discos, sus mejores canciones, y sus mejores motivaciones se fueron con la llegada del éxito. Dicen que si Cliff Burton siguiese vivo, Metallica seguiría fiel a sus orígenes. Es imposible saberlo, pero si diré una cosa al respecto: ¡Cliff’em All!

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