A finales de 2012 llegaba la sorprendente y triste noticia de la separación de Koma, uno de los puntales de la escena metalera estatal, tras su último concierto en el Hatortxu Rock. Referentes sólidos de un groove metal influenciado por la idiosincrasia peninsular, la banda pamplonica se disolvía para emprender otros proyectos y dejaban huérfanos a todos esos ávidos metaleros que acudían a sus conciertos hipnotizados por la imponente presencia de Brigi Duque, los escalofriantes solos de Natxo Zabala, el contrapunto lírico de Rafa Redín y las excepcionales baquetas de Juan Carlos Aizpún.


El salto que supone pasar de tocar la batería a liderar un grupo como frontman nunca ha dado un mejor resultado que el ofrecido en Koma. Brigi Duque, batería de toda la vida, se ponía en 1995 a los mandos de la nave de Koma para llevar al grupo a una carrera inigualable dentro del panorama estatal. Allí permanecería hasta su vuelta a los parches acompañando a Enrique Villareal en sus proyectos en solitario -Txarrena y El Drogas-. 17 años de carrera resumidos en siete discos de estudio, un álbum doble grabado en directo, innumerables conciertos por toda la península con presencia en multitud de festivales -su habitual bolo del Viña Rock era esperado como agua de mayo, nunca mejor dicho- y salas, y un buen puñado de canciones para el recuerdo. Puro metal de fin de siglo y sarcasmo concentrado fueron las bases de un grupo único.

Koma (1996)

Su disco homónimo dio inicio, con permiso de una maqueta muy bien acogida, a la carrera de la banda pamplonica. Como suele suceder en los debuts, Koma muestra una crudeza que irá depurando a lo largo de su discografía poniendo el punto de mira en los curas y su iglesia, en la policía y su represión, en el status quo y en una sociedad manejada que siempre oprime al más pequeño. El inicio sin concesiones de Tío Sam pasaría a ser el tema inicial de la mayoría de sus conciertos y El pobre se encargó de animar esos mismos durante 16 años, pero el tema más reconocido y reconocible del disco y prácticamente de su carrera es Aquí huele como que han fumao, que llegarían a grabar posteriormente en bable (Equí güel comu que fumaron).

Auténtico ejemplo de Cara B, el cuarto corte, Malas caras, es el gran tema oculto del disco y de toda su discografía. El redoble inicial da paso a un riff seco y pesado sobre el que se suspende el feroz vozarrón de Brigi Duque, desolado por su mala suerte, que se regodea en el dulce momento de su venganza -“traicionado, vendido, pronto aprendí a desconfiar…”-. Malas Caras es una obra de arte de la frustración, del desengaño, que termina con la demostración musical de la maestría de Juan Carlos Aizpún, uno de los mejores baterías del panorama estatal.

En Las cruces, otro de esos temas que pasan desapercibidos pero calan en lo más hondo de tu ser, Koma nos deja una muestra palpable de su capacidad de creación atmosférica. Nos transporta de la melancolía de una lluvia pegajosa gobernada por un bajo omnipresente hasta el frío seco del riff de una noche desértica. Pura esencia Pantera en la que Brigi se lamenta de las secuelas de cuatro décadas de terror católico/franquista: “cuántas cruces sin nombre guardan almas perdidas, cuántas cruces sin nombre son precio del miedo”.


El infarto (1997)

Sin apenas descanso tras la gira de presentación de Koma salía a la calle su segundo disco. El infarto mantiene una línea continuista frente a su predecesor y reincide en la crudeza vislumbrada en su trabajo anterior. El marqués de Txorrapelada da inicio al disco con un solo de guitarra en el que Natxo Zabala se gana un lugar en la posteridad y que te deja literalmente sin aliento para la llegada de otro clásico de Koma, Mi Jefe. El infarto termina igual de bien que empieza con el tema que da título al álbum y la versión de Itoiz, Marea Gora, himno que supuso la primera canción cantada en euskera por la banda.

Por los siglos de los siglos es un alegato contra la violencia humana perpetuada sin sentido en la que no olvidan su puntilla habitual a la sagrada iglesia católica. La suavidad de una guitarra acústica deja paso inmediatamente a un tema pesado y denso como el tema que trata, con la voz de Brigi convertida en el rugido de un animal de escenario y un punteo que solo hace aumentar la solemnidad de la canción.


El catador de vinagre (1999)

Koma - Maldita Cultura MagazineCon su tercer disco llegaría la consagración total de Koma, El Catador de Vinagre terminó de catapultar a la banda de Iruña como elemento imprescindible dentro de la escena metalera estatal. Es difícil encontrar una Cara B oculta en un disco en el que el estilo y la personalidad de Koma alcanzaban su cénit. Desde el sonido de la txalaparta que abre la brutal Sé dónde vives hasta el western-metal Bienvenidos a Degüelto que cierra el disco, la banda nos lleva de viaje a través de un tracklist sin desperdicio –Vaya carrera que llevas chaval, El Catador de Vinagre, De cuerpo presente…– repleto de calidad musical envuelta en humor negro tan afilado como la tijera que ilustra su portada.

Con Deprimido singular nos dejan una canción acústica de esas que calan hondo, que ponen en la boca de los oyentes sentimientos comunes a cualquier ser humano. Un melancólico solo de guitarra pone el broche a esta reivindicación de la libertad personal y el libre albedrío. “Yo voy si tú vas, te dejo si me dejas, todo es mucho para el raro…”


Criminal (2000)

Al igual que El Infarto se concibió en medio de la gira del disco debut, Criminal, nació sin apenas tiempo para digerir El Catador de Vinagre. Su cuarto trabajo, con el que pasaron de Gor a Locomotive Music, reincide en las premisas escuchadas en los anteriores: riffs secos, punteos electrizantes y el vozarrón de Brigi levitando sobre letras ácidas con el toque de humor clásico de la banda, cortesía de Rafa Redín. Menos mal que a Koma aún no le daba todo igual y seguía brindando temas como La revolución, Jack Queen Jack o Un plan criminal.

Las risas, tema que pone epílogo a Criminal, nos evoca de nuevo a la clara influencia que ha ejercido Pantera en el sonido de los navarros. Con un sonido que recuerda a Cemetery Gates o Hollow de la banda texana, Koma nos lleva desde la melancolía hasta la más pura rabia con la que proclaman “no quisiera estar aquí cuando se acaben las risas”.


Sinónimo de ofender (2004)

Tras Criminal, pasaron cuatro años hasta la siguiente muestra discográfica de Koma, Sinónimo de ofender. En este interludio, la banda aprovechó para grabar un disco en directo titulado Molestando a los vecinos que, como ha sucedido con otras bandas, supuso un punto de inflexión en su sonido. El llanto de un bebé sirve de prefacio a Protestantes, tema inicial que deja claro que la madurez no se traduce en merma de la capacidad para engendrar temazos como Imagínatelos Cagando, hit que resume a la perfección la idiosincrasia del grupo; y otros como El muro de Berlín, Ven que no te va a doler o la versión de Mikel Laboa, Baga biga higa. Estos temas entre otros completan un álbum muy bien recibido por crítica y público en el que la banda no abandona sus líneas de actuación previas pero deja atrás la crudeza de sus primeros discos.

Buenos rollos es el tema encargado de cerrar el disco, hecho que contribuye quizás a la minusvaloración de una composición tan completa. Desde el susurro al rugido, la voz de Brigi nos conduce a través de una letra optimista aderezada con un solo hipnótico que desemboca en un poema musicalizado sobre la libertad de expresión que le pone cierre perfecto al disco:

“Tristes poetas encarcelados,
mercaderes de sueños
almas de la esperanza,
que pena…. que pena que vuestras palabras se las llevara el viento
cuando aun creíais en la gente y cantabais por las calles”.

 


Sakeo (2007)

Con Sakeo, la banda volvía a cambiar de discográfica, en este caso de Locomotive a Maldito Records, pero continuaba la senda sonora iniciada con Sinónimo de ofender. Enfundados en impolutos trajes de chaqueta y encorbatados, la banda filmaba el videoclip del tema homónimo, uno de los temas más reconocidos de este disco junto a Los niños de lapos guerra; la cañera Jipis, utilizada por Juan Carlos Aizpún en sus clínics; o El Sonajero, donde el son cubano se mezcla con el sonido metalero de la banda.

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Imágenes: Maldito Records

El, siempre presente en cada disco, contrapunto acústico de Sakeo es Buitres (a su alrededor). Una auténtica oda contra el abuso de poder de las grandes corporaciones y potencias mundiales que comercian con la vida de millones de personas “con la mala suerte de los inocentes” de nacer en lugares con riquezas naturales. En el punto de mira de la banda quedan “los niños de Oriente”, “presas desvalidas” a merced de los buitres del poder.


La maldición divina (2011)

A modo de profecía paranormal, La maldición divina supuso el último álbum de la trayectoria de Koma antes de su disolución, esperemos que temporal, para dedicarse a otros proyectos. El disco fue producido por Miguel Aizpún, hermano de Juan Carlos, y productor de todos los trabajos de Koma y contó, según declaraciones de la propia banda, con su mejor sonido. Desde su intro, el disco nos deja Sin oxígeno y tras tanto cabecear nos receta La almohada cervical, único remedio posible para los cuellos de tantos y tantos heavys repudiados durante mucho tiempo en la península. En su último disco Koma no olvida buenas costumbres como las referencias a la religión católica –¿Quién sobra?– y la habitual inclusión de una versión popular en euskera, tradición iniciada con Marea Gora y cerrada en este caso con Bagare.

Patrón a seguir es el título perfecto para un tema que puede ser mostrado como ejemplo del sonido arquetípico de la banda navarra. Con esta canción, Koma vuelve a sus orígenes y tira de recuerdos para una vuelta “a la calle que nos vio nacer, la calle que nos vio crecer, la calle [que] nos verá morir”. No solo es una vuelta lírica ya que en plano instrumental también supone una reafirmación de los riffs secos, los interludios acústicos y el humor negro que han acompañado a Koma desde sus inicios.


Un repaso concienzudo de la discografía de Koma deja en el oyente un poso incuestionablemente indeleble, signo inequívoco de la personalidad única de la banda. Años después de su separación -y a pesar del intento de Rafa Redín y Natxo Zabala por darle continuidad al proyecto bajo el nombre de Sakeo-, el vacío del grupo de Pamplona permanece en los festivales de toda la península y su sonido, difícil de imitar, permanece huérfano en los escenarios. Nos queda, eso sí, su excelente producción discográfica y la idea clara que tendrán la mayoría de sus oyentes: “lo nuestro siempre fue heavy metal”.

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