Hay pocos grupos con un sonido tan característico como los granadinos Hora Zulú. En ese sonido es palpable la impronta que la ciudad ejerce sobre sus habitantes. La sombra de la Alhambra es alargada y las raíces de sus jardines parecen penetrar en cada creación que toma forma a su abrigo. Quien conoce Graná, sabe que es una ciudad que impregna a los que la habitan, y Hora Zulú no iba a ser menos. Albayzín, calle Elvira, Sacromonte y demás rincones oscuros de la ciudad empapan su sonido e imbuyen las palabras de su singular frontman, Aitor Velázquez. Genio y figura de boca floja y lengua afilada, escritor fino y ecléctico, rapero de alma punk y flamenca. Su devoción por Evaristo y Fosforito ilustran la particularidad de una banda acostumbrada a ser desembocadura natural del metal, el flamenco, el rap… Hora Zulú no existiría sin Granada, y Granada se musicaliza en Hora Zulú.

Hora Zulú Maldita Cultura Magazine

Imágenes cedidas por Asalto Sonoro

Hora Zulú, esencia granaína

Toda historia de amor tiene un final y Hora Zulú se despidió de los escenarios a finales de 2013, con tres conciertos inolvidables y repletos de colaboraciones. De esa ruptura temporal han surgido dos grupos: Fausto Taranto, con Paco Luque y Quini Valdivia, y Pangloss, con Aitor Velázquez y Javi Cordovilla -también parte del proyecto Vúfalo-. Pero en todas las parejas rotas existen recaídas y Hora Zulú no iba a ser menos. En 2015, dio un auténtico conciertazo en el Festival The Juerga’s Rock, en Adra (Almería), en una fecha única en la que estuvieron acompañados por Soziedad Alkoholika, Gatillazo, Narco, Anti-Flag, Asian Dub Foundation y la vuelta de otro clásico, Maniática. En este 2016 reiteran su vuelta en diferido con una minigira que les llevará a varios festivales -The Juerga’s Rock, Shikillo Festival– así como a escenarios tan míticos como el del Viña Rock o el de la Industrial Copera en su Granada natal.

Cinco discos en diez años, cinco discos repletos de grandes temas, cinco discos de un sonido original y único. Y canciones, muchas canciones que conforman una discografía impecable en la que también se encuentran esas perlas olvidadas, esos temas infravalorados que seducen al verdadero conocedor del grupo. A través de ellas vamos a recorrer la esencia de Hora Zulú.

Me duele la boca de decirlo (2002)

El título de su disco debut ya hacía presagiar que su paso por la música no dejaría a nadie indiferente. Testigo de una época en la que grupos como Rage Against the Machine aún marcaban el compás de la música alternativa, Me duele la boca de decirlo tiene mucha de esa rabia. Encorsetado detro del rap-metal, la ópera prima de Hora Zulú es mucho más que un disco pasajero al abrigo de la moda del fin de siglo. Con un buen puñado de temas que se han convertido en auténticos himnos –Agua de mayo, Tientos o Andaluz de nacimiento-, y temas imprescindibles en cualquiera de sus conciertos -como A ver si me entiendes con el que siempre cierran-, este primer disco caló hondo en muchos aficionados a la música dura por su contundencia fusionada con su estilo propio.

Sin poder descartar ninguna canción, mi preferida siempre ha sido Dice el poniente, con un riff inicial de esos que martillean tu cabeza horas después de haberlo escuchado. Como en el resto del disco, se perciben claramente las influencias nu-metaleras de la época traducidas en un tema directo al mentón del oyente, y aderezado con la capacidad de Aitor para desentrañar cualquier trabalenguas con forma de canción.

Crisis de claridad (2004)

Los mismos rasgos distintivos presentes en su primer disco se respiran en su segundo álbum, que para nada hizo presagiar una posible crisis de claridad de los granadinos y que se ajusta más a su subtítulo: ‘La continua reinvención del yo’. Las 17 pistas que componen el disco nadan con cierto eclecticismo y libertad dentro de la batidora del sonido zulú, abarcando temas con una clara inclinación hacia el rap –Misas y cenas o Lluevan flores-, sin apartarse de ritmos más duros –Con mi condena-, ni del sonido presentado en su ópera prima –De-que-rer-ser o Que baje un rayo y me parta-. Siendo fieles a su sonido, a sus letras, pero evolucionando disco tras disco: “Cada día me reinvento sabiendo que no estás aquí…”

Paco Luque Hora Zulú Maldita Cultura Magazine

En Tus ganas de ganar nos sorprende un inicio y un estribillo muy melódico pero sin dejar a un lado la fusión entre guitarras metálicas y las letras ácidas de Aitor: “Pronto te vas a dar cuenta que todo es mentira, pronto te vas a plantear seriamente lo poco que ha sido tu vida”. Un punteo genial con aires arabescos, con la maestría que siempre exhibe Paco Luque en el uso del wah, dan paso a un final de canción que nos deja con ganas de ganar…

El que la lleva la entiende (2006)

En su tercer LP, Hora Zulú alcanzó la madurez. En -el que para mí es- su disco más completo, no hay un tema que desentone. La guitarra arabesca que da inicio a Coplas de negra inquietud nos introduce en una espiral imparable de fusión musical, coqueteos con sonidos industriales y distorsiones duras, hermanadas con guitarras clásicas para conformar un disco ‘digno del mismo’ grupo que se afianzaba como referencia en el panorama musical estatal. Canciones como Camarada, Por los ceniceros o De vivir sin ti dos vidas nos indican que El que la lleva la entiende es un disco al que ‘solo el viento puede dirigir su trayectoria’.

Hora Zulú Maldita Cultura Magazine

En Ya que te pierdo, Aitor declara abiertamente su amor por Graná, auténtica alma mater, dejando los cantes jondos al fondo de un tema en el que carga duramente contra ‘esos cuervos que los ojos le están sacando’ a su ciudad, en la que de ‘cuando en cuando no sabe si es su tierra por la que anda’. Tema directo e  imprescindible de la banda que culmina con un aviso: “Luego vamos a llorar por no saber a tiempo quererte y luchar, maldita sea la vida del que a ti te olvida, malditos los que mercan con tu libertad

Nueva Babel es un tema con todos los elementos comunes del sonido zulú pero con un signo distintivo a su vez: nos ofrece reminiscencias de sonidos industriales palpables en un inicio trepidante que recuerda a los mejores Rammstein. El punteo de Luque y el ritmo percutor de Bedmar le dan una identidad propia a este tema dentro de la discografía del grupo.

Querer creer, creer querer (2008)

Al igual que Crisis de claridad, este CD es un álbum bisagra, un disco de transición en la búsqueda continua de mejora musical. La intro Creo, que después obtiene su réplica en Quiero, nos da paso a Codo con codo, con un sonido que nos empuja el pecho y tira de nosotros para sumergirnos de lleno en el ser de Hora Zulú. Que me muera nos da la tregua necesaria para afrontar Toma y obliga, sin duda uno de los temas más completos de todas las grandes canciones que nos ha dejado su discografía, y En tu nada, en la que Aitor nos hace sentir la pérdida de un ser querido como nuestra. El disco no podría tener un cierre mejor que Luego querrán, con la colaboración de R de Rumba y Sho-Hai, autodenominado heavy del rap que borda cada una de sus apariciones metaleras y deja claro su parecer nada más agarrar el micrófono: “Por una letra mía, un disco entero de ellos, esto se llama esmero popero, no hay más misterio”.

En Creencias y querencias, no se andan por las ramas. El redoble de Javi Cordobilla abre el tema dando paso a riffs aplastantes, estrofas hipnóticas, baterías muy cañeras donde resalta el doble pedal y un estribillo alto y claro. Un auténtico bombazo.

Siempre soñé saber sobre nadie negó nunca nada (2012)

Su, hasta el momento, último álbum publicado supuso la culminación de una búsqueda estilística, de una evolución natural hacia unas melodías vocales más pausadas, menos rapeadas, y cierta tendencia hacia composiciones más elaboradas, envueltas en un auténtico muro de sonido propio de una banda muy bien engrasada. En Gabinas de cochero se palpa cierta oscuridad, un murmullo lúgubre que nos acompañará a lo largo de todo el disco del que hay que destacar a Caigan del cielo. Pero si hay una canción que define este disco es Mis barraqueras y sólo hace falta echar un vistazo a su videoclip para definir este disco con una palabra: calidad.

Y un ejemplo claro de esa evolución la tenemos en Que la tierra te sea leve. Además de mostrar esos elementos comunes, S.T.T.L. se caracteriza por sus interludios progresivos con los que el grupo nos deleita, y que hacen que este tema parezca sacado de alguno de los mejores álbumes de Dream Theater pasado por un tablao flamenco del Sacromonte.


“Me duele tanto y tanto saber que no voy a volver a verte, que me hace falta querer creer”. Me hace falta creer que este no es su epitafio, aún espero volver a leer más poesías cantadas de Aitor y escuchar las particulares melodías de Hora Zulú.

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