Todo el mundo de cierta edad y raciocinio sabe que hubo una época, corta como para denominarla era, en la que Guns N’ Roses dominaron el mundo. En el breve paréntesis entre el auge del hair metal  y la eclosión de ese movimiento inclasificable llamado grunge, los chicos liderados por Axl Rose y Slash llegaron a la historia musical para quedarse, dieron un puñetazo en la mesa del rock y significaron el braguetazo soñado para Geffen Records. Con uno de los mejores discos debut de la historia y un sonido arrollador, aquellos chavales de origen variopinto confluyeron en el Sunsep Strip de Los Ángeles, con el sino de cambiar la música de finales de los ochenta. Tras siete años de actividad, Guns N’ Roses desaparecieron como tal -hasta la actual reunión ya que los Axl N’ Roses eran otro grupo- pero la huella que dejaron en nuestros oídos aún perdura.

Solo es necesario recordar temazos radiados hasta la extenuación como Sweet child o’ mine, November rain o Welcome to the jungle para hacernos una ligera idea del impacto que tuvieron en la industria musical. A pesar de su corta carrera -solo tres LPs originales además del híbrido directo-estudio Lies y el álbum de versiones The Spaghetti Incident-, la importancia de Guns N’ Roses es innegable hasta para el hater más acérrimo. La fusión de las variadas influencias de sus miembros se tradujo en numerosos himnos, coreados por varias generaciones de aficionados al buen rock, además de muchas perlas infravaloradas, canciones camufladas entre éxitos y olvidadas en los setlists. A través de estas últimas vamos a recorrer la trayectoria y a profundizar en el estilo de la banda californiana.

Appetite for destruction (1987)

Resulta difícil encontrar un tema que no sea mundialmente aclamado o reconocible al segundo de escucha en este disco impecable. Los setlists de Guns N’ Roses se encuentran plagados de temas de este álbum, su primogénito y más reconocido vástago. Desde el tema iniciático que nos da la bienvenida al viaje que nos espera –Welcome to the jungle– hasta el último estertor de placer –Rocket Queen-, Appetite for destruction es una pinacoteca del rock con cuadros tan famosos como la ya mencionada Sweet child o’mine, Paradise city o clásicos de la banda como Nightrain. Entre las doce pistas que componen el álbum se esconden dos joyas quizá más desconocidas, especialmente a aquellos que no sean muy seguidores de los Guns, pero que hacen grande el Appetite: Think about you y Anything goes.

Guns N' Roses Appetite for destruction - Maldita Cultura Magazine

En Think about you, el cencerro de Steven Adler da el pistoletazo de salida a una de las canciones más románticas de la banda, en la que destaca la guitarra limpia que marca el estribillo. Es una de las pocas canciones, junto a Nightrain y Anything goes, en las que Izzy Stradlin se hace cargo de los solos además de ser autor de letra y música, cosa nada excepcional ya que el guitarrista es uno de los principales compositores de la banda. Imprescindible.

El romanticismo deja paso a un sentimiento más carnal, sello característico de las letras de Axl, en Anything goes. El bajo, el güiro y los gemidos del vocalista abren una canción donde destacan un estribillo pegadizo con la agudeza vocal habitual, el solo en que ambos guitarristas se dan la réplica -y en el que Slash demuestra su maestría en el uso del talk box-, y un final trepidante que sirve de antesala para lo que será el último bombazo del disco, Rocket Queen.

Guns N’ Roses Lies (1988)

Tras el éxito sin paliativos que supuso el Appetite, el siguiente lanzamiento de la banda fue Lies, un disco híbrido que reunía nuevas canciones grabadas en acústico, entre ellas una versión de You’re crazy, y el EP de 1986 Live?!*@ Like a suicide, con el que los Guns empezaron a sonar fuerte en L.A. Esta maqueta, grabada en falso directo, constaba de cuatro temas: dos de ellos compuestos cuando aún se hacían llamar Hollywood Rose, y dos versiones (Nice boys y Mama Kin de los grupos  Rose Tattoo y Aerosmith respectivamente). Patience es la canción más reconocida de este heterodoxo álbum, aunque One in a million fue la que acaparó todas las miradas por las acusaciones de homofobia y racismo que arrastró el lenguaje utilizado por Axl en la misma.

Guns N' Roses - Maldita Cultura Magazine

El tema de apertura, tanto del EP como de Lies, es Reckless life. Rabiosamente rock, esta canción es esencia del empuje de unos jóvenes dispuestos a comerse el mundo: “Hey suckers, suck on Guns N’ Fuckin’ Roses“, jalean al público antes de que el redoble de Steven Adler abra el tema. La vida temeraria de drogas y rock n’ roll de cinco jóvenes que vagan por L.A. con el objetivo de llegar a ser estrellas del rock impregna el tema. Toda una declaración de intenciones.

Use your illusion (I y II)

El lanzamiento de este disco doble supuso una revolución dentro de Guns N’ Roses: en el ámbito musical se produjo un evidente viraje hacia canciones más melódicas, en las cuales la guitarra cede parte de su protagonismo al piano -apreciable en baladas inolvidables como November rain o Estranged-; en el ámbito físico, se dio también un evidente cambio en las baquetas: la melena rubia de Steven Adler, tras grabar solo la canción Civil War, dejaba paso a otra melena rubia, la de Matt Sorum. Esta sustitución solo sería el principio del fin de la banda, ya que en medio de la gira de presentación del disco, Izzy -pegamento silencioso del grupo- abandonó Guns N’ Roses harto de la actitud de Axl. Por él, entraría Gilby Clarke que, a pesar de cumplir dignamente, fue obligado a calzarse unos zapatos demasiado grandes.

Guns N' Roses Use your illusion - Maldita Cultura Magazine

A pesar de que las turbulencias empezaban a mover la nave, el éxito de los Use your illusion está fuera de toda duda. Ambos discos comandaron las listas de ventas, como ya había sucedido años antes con el Appetite y el Lies, algo único en la historia. En este disco doble, podemos encontrar temas tan emblemáticos como You could be mine -cómo olvidar al joven John Connor subido en su moto en Terminator II-, las mejoradas versiones de Knockin’ on Heaven’s door  y Live and let die, además de las anteriormente citadas Civil war, Estranged y, sobre todo, November rain, una de esas canciones que hacen grande el término balada-rock. Pero también podemos encontrar canciones desconocidas para el público general, esas que no se prodigan en los setlists, que nunca aparecen en los recopilatorios, que ni por asomo tienen un videoclip…

Una de ellas es Coma, la canción más larga de la banda y la encargada de cerrar el primer volumen del disco. Una canción atípica por lo experimental dentro de la discografía de Guns N’ Roses. El bajo nos presenta el riff pendular que será el eje de un tema, en el que se alternan voces en off y los pitidos de la máquina de respiración asistida. Ambos nos mantienen en coma con la genialidad ya conocida de los angelinos.

En So fine, las voces de Duff y Axl se alternan con los susurros en los se que narra cómo es la mujer que sustenta sus vidas. A través de un estilo vocal cercano al punk, el vocalista nos cuenta cómo vivir junto a ella es menos difícil. Al igual que sucede en el resto de canciones del disco, guitarra y piano se dan la mano logrando una comunicación perfecta.

Reconozco no ser objetivo con Locomotive, a la que siempre defino como la gran olvidada de las canciones de Guns N’ Roses. Un tema que lo tiene todo, un clásico imperecedero con un sonido cercano al Appetite. La voz nasal de Axl, los punteos endiablados de Slash y el Love’s so strange… que despide el tema son las geniales cartas de presentación de esta obra de arte hecha canción.


Estas son las seis canciones infravaloradas de la discografía de Guns N’ Roses que yo recomendaría o recordaría a cualquier interesado en la banda, pero seguro que existe alguna otra que encaja a la perfección en este paradigma. Según tu oído y placer: ¿cuál de los muchos desconocidos temazos de Guns N’Roses merece entrar en nuestra Cara B?

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