Escarcha

Palomita,

requiebro nival,

parece que exhibes pétalos

nacidos del sol,

entre sal y aceite.

El empacho húmedo

mecido al bochorno

de hondas

o al rechazo

de ascuas,

arranca de una roseta

la geometría difusa

nacida en tu adentro.

Tres minutos

advertía

el papel plegado,

la mortaja donde naces.

Pero al ¡ding!

que anuncia próximo el plexiglás,

cayeron tus lágrimas

últimas

amarillas

de la bolsa al bol

como si el otoño

te llegase.

Tu dorado

se hunde a los abismos

besando al olvido tu almidón

por no partir la corteza

que encierra tus blancas gracias.

Palomita,

ábrete.

¡Amanécete ya en nimbo

para el paladar!

Yo te daré más calor,

si eso quieres,

pero, por favor, ¡florece!