De carne y sangre

No, no existo como alfiler de curvas, todavía no soy la elección astral del druida, la azul mancha invisible en la camisa de los elegidos. Aún encuentro a la niña cabalgando, sigue la eterna, en mí, más podredumbre. Continúa la liendre, más caída, más varado silencio y mar y todo verde. Más aún, en las noches de tea un ojo contra el mundo. Y sé, sin carne ni esqueleto, que nunca fui tan poderosa, como cuando me supe hecha ceniza.