Me gusta la fotografía. Disfruto enormemente el discurrir de las fotos de una galería. Ya sea de rascacielos o de sitios abandonados, de geometrías indefinidas, de desnudos y momentos eróticos, de paisajes, de panorámicas urbanas… Muchos de los artistas que me deslumbran no son famosos para el público general, son tesoros ocultos en Internet. Me gusta la fotografía y me gusta disfrutar de los mejores conciertos a través del objetivo de Rubén G. Herrera.


Después del cuestionario, recogemos en forma de galería parte de su obra fotográfica. 

Procedencia

Sevilla.

¿Amateur o profesional?

Me considero absolutamente amateur. Sobre todo viendo el altísimo nivel de la gente. He preferido mantenerme al margen de ese ritmo frenético de la fotografía como un negocio rentable y la tomo más bien como una herramienta periodística y social. En muchas ocasiones trabajo con licencias Creative Commons o las cedo a organizaciones.

¿Cómo y cuándo te iniciaste en el mundo de la fotografía?

Todo empezó con una primera cámara digital Agfa de… ¡un lujoso megapixel!, allá por el año 2000, con la que tuve la suerte de contar durante un viaje que hice en furgoneta desde Sevilla hasta Alemania. Tenía 15 años, así que digamos que mi memoria afectiva de la adolescencia se constituyó con aquellas primeras instantáneas diversas por Europa. Por mi barrio, en la periferia hispalense, me dedicaba a subirme por tejados con cámara en mano y captar formas, puntos de vista elevados, y cosas así.

Podríamos decir que soy un “nativo digital” de la fotografía. Se sucedieron diversas cámaras que me acompañaron a mis primeros conciertos y viajes. Cámaras automáticas a pilas con las que… ríete tú de los móviles, hacer fotos sí que era un verdadero reto. Yo siempre era un poco “el niño de las fotos” en el barrio. La Universidad me abrió las puertas a la fotografía réflex, eso sí, analógica, pues en aquél momento (2005) era mejor dar ese paso atrás y trabajar con carretes, antes que con aquella fotografía digital emergente. Ahora, recordándolo, vemos lo mucho que hemos avanzado en diez años, pues te encontrabas verdaderos despropósitos tecnológicos… Aberraciones macabras.

Recuerdo una cámara, la Sony Mavica, que llevaba un lector de CDs en lugar de una tarjeta de memoria. ¿Se imaginan, perdiendo fotos tontamente, tras dispararlas, porque la grabación en el frágil soporte óptico podía fallar en cualquier momento? Seguía siendo mucho más económico montarse un estudio de revelado casero, como hice un día con mi prima Vanessa, también fotógrafa.

Por todo esto, pienso que la formación audiovisual de los de mi época fue un tanto errática; una etapa “de transición” entre lo analógico, lo digital aún en pañales y, finalmente, lo digital funcional. Recuerdo incluso algún profesor de la Universidad que, en 2005, seguía afirmando aquello de “la fotografía digital nunca superaría a la analógica”. Pero viéndolo en perspectiva, todo aquello fomentó mi curiosidad, que es la energía principal para experimentar, probar, disparar… Hoy, la cámara es un implante en mi cuerpo; un exceso de equipaje diario.

¿Cuál es tu fotógrafo favorito?

La historia de la fotografía es apasionante, y podría citar algún referente clásico, pero, además de evitar ese ‘postureo’ (que ya bastante pretenciosidad hay en la fotografía), creo más práctico hacer justicia con la gente que está realizando trabajos extraordinarios hoy día. Mi gran amigo, Charly Calderón, es una clara inspiración para mí y su última apuesta por el mundo de la moda madrileña. También aprecio mucho el trabajo de fotógrafos como Sergio Albert, el mallorquí Tuco Martín,  el navarro Kepa Arbizu, el vasco Unai Endemaño… Gente en el pie del cañón.

 ¿Qué perfil de Flickr recomendarías?

Por su utilidad (un millón de archivos históricos en licencias libres), el de la British Library. En cuanto a fotografía musical y social, recomendaría el de algunos compañeros, en cuyos Flickr puedes sumergiste y no parar de ver maravillas, como Pepe Girona, o Josèp Tomas.

¿Con qué equipo trabajas?

Soy un fotógrafo de calle, de exteriores y de eventos, por lo que cuento apenas con mi Canon Mark III, pero que es una cámara prodigiosa. En cuanto a lentes, el Tamron 24-70mm, F2.8 es un objetivo excepcional, pero también el responsable de mi síndrome de muñecas dolorosas permanente. Lo compagino con teleobjetivos, un 50 fijo o un 18mm. Soy un tanto escéptico del gran angular u “ojo de pez”, aunque es, racionalmente, el objetivo más útil para los conciertos (luces oscuras, sujetos dispersos…), los paisajes o los interiores, que son mis escenarios.

¿Cómo te decidiste por la fotografía de conciertos ?

La fotografía es para mí una herramienta para el periodismo musical y para “estar” en los ambientes de los conciertos. Como aficionado a la antropología visual, me aporta materiales de análisis y conocimiento. Pero creo que mucha gente también hace como yo: usar la fotografía como un espacio de interacción social y relación. Igual que los músicos hacen con la música, más que como una fuente de ingresos.

En los conciertos, la cámara ve más que el ojo humano y congelar los instantes de los músicos y del público se ha convertido para mí y para mucha gente en algo más que un hobby, es nuestra obsesión particular, nuestra forma de valorar e intentar aportar en la música.

No obstante, también centro mi atención en el uso social de la fotografía en otros espacios, como el activismo social y la fotodenuncia. En 2011 casé estas ideas, compartidas por diferentes colectivos de toda España en un reportaje algo amplio que podéis leer en la página de Tercera Información.

Conoce más a Rubén G. Herrera en su Flickr.


Pincha en las miniaturas para ver la galería a pantalla completa.

Todas las fotografías tienen los derechos reservados Rubén G. Herrera ©.