El 19 de mayo de 2014, Ryan Giggs anunciaba su retirada del fútbol profesional tras compaginar las funciones de jugador y entrenador durante su última temporada en activo. Ese día dejaba atrás una trayectoria impecable y 963 partidos, disputados a lo largo de 24 temporadas, enfundado en la elástica del histórico Manchester United. Se marchaba un jugador ejemplar, de esos que crean afición y de los que tanto adolece el actual fútbol-negocio, en el que prima la venta de merchandising a la interiorización de la idiosincrasia de cada club. Ejemplo perfecto del deportista fiel a los colores del equipo, del ídolo incondicional de su afición. De esa clase de jugadores que prefiere el orgullo a las grandes firmas contractuales y que hace grande al club para el que juega. Y el paradigma de eso que los anglosajones llaman ‘one club men‘.

One Club Men

Y no por nada fueron los habitantes de las islas los que acuñaron el término, ya que en la cultura deportiva británica aún pervive esa conciencia hacia los colores del equipo de tu ciudad o de tu barrio, y todo ello a pesar de que en los clubes ingleses abundan los propietarios extranjeros y la gestión puramente empresarial de los mismos. Durante muchas de las temporadas en las que Giggs recorrió la banda de Old Trafford, no era el único one club men que le acompañaba sobre el césped portando la zamarra roja de los Red Devils. Con Gary Neville en la defensa, casi siempre formando pareja con su hermano Phil, y Paul Scholes en la medular, formaron el armazón sobre el que gravitó el buen fútbol que los aficionados paladearon en el Teatro de los Sueños durante 20 años. Así, la marcha de estos tres one club men –junto a la del entrenador que los dirigió durante toda su carrera, Sir Alex Ferguson-, dejó a su equipo de toda la vida en un abismo del que aún no se han recuperado.

Pero el fenómeno no se reduce al Manchester United, Jamie Carragher se retiró en 2013 después de 16 temporadas en el Liverpool, eterno rival de los primeros, y Tony Adams defendió los colores del Arsenal durante 19 temporadas y 504 partidos con los ‘gunners‘. Aunque el caso más flagrante de one club men visto en la Premier es el de Matthew Le Tissier, genio y figura tanto dentro como fuera del campo, heredero legítimo de George Best con el que compartía su afición por la bebida, su facilidad para dejar frases para el recuerdo y su calidad sobre el terreno de juego. Le God, como es conocido, fue siempre fiel a los colores rojiblancos del Southampton, algo reseñable por la modestia de un equipo que solía jugar para evitar el descenso en vez de luchar por grandes títulos. 15 temporadas, 540 partidos y más de 200 goles. Son los números de Le Tissier con los ‘saints‘, números que le valieron para ser tentado en numerosas ocasiones por clubes importantes de toda Europa y para mantener al club de sus amores en la élite. Sus mejores compañeros cambiaron The Dell por prados más verdes pero Le God se quedó para ser ídolo de la afición del Southampton. Sobre su permanencia en el equipo respondía: ‘Jugar en los mejores clubes es un reto bonito, pero hay un reto mucho más difícil: jugar contra los grandes y ganarles. Yo me dedico a eso…’.

Uomo della squadra

A pesar de ser responsables de acuñar el término, los one man club no se reducen a las islas británicas y han sido testigos de otros tiempos gloriosos también en el Calcio italiano. Concretamente en el AC Milan, dos one club men unieron dos épocas doradas y alargaron durante 32 años una dinastía gobernada con puño de hierro y elegancia milanesa. Desde 1977, año en el que debutó Franco Baresi, hasta 2009, cuando se retiró Paolo Maldini, la retaguardia rossonera siempre estuvo controlada por un one man club, ambos capitanes y leyendas del equipo. Con un palmarés combinado de 13 Series A, 9 Supercopas de Italia, 8 Champions League, 8 Supercopas de Europa, 4 Intercontinentales, 1 Mundial y 1 Mundialito de Clubes, la sociedad Baresi-Maldini es una de las parejas más laureadas de la historia del fútbol y el pilar principal sobre el que se cimentó la mejor época del club milanista. Una squadra de ensueño en la que convivieron con leyendas tanto en el campo -Gullitt, Rijkaard, Van Basten, Boban, Donadoni, Papin, Weah, Savicevic, Roberto Baggio, Shevchenko, Inzaghi, Rui Costa, Pirlo, Seedorf o Kaká- como en los banquillos -Arrigo Sacchi, Fabio Capello o Carlo Ancelotti- y cuyo punto negativo solo estribó en su presidente, el inefable mafioso Silvio Berlusconi.

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Paolo Maldini y Franco Baresi. Imagen: The Sport Dealer

En relación a los one club men el testigo del AC Milan lo ha tomado desde hace algún tiempo la AS Roma. El conjunto capitalino puede presumir de haber contado entre sus filas al último gran dinosaurio de los hombres de club: il capitano Francesco Totti, testigo de excepción de una época en la que Maldini, Del Piero y él eran símbolos intocables de la afición transalpina. A sus 39 años, el eterno 10 dejó la práctica del fútbol con el 25 temporadas, superandolas 24 de Ryan Giggs, al frente del equipo giallorosso. Pero su retirada no ha dejado al AS Roma huérfano de one club men, ya que desde 2001 Daniele De Rossi ha ejercido de lugarteniente de lujo de Totti en un equipo más acostumbrado a luchar por las plazas europeas y las Copas de Italia que por cotas más altas, lo que proporciona un valor adicional a la lealtad de ambos jugadores.

En la parte neroazzurra del Giuseppe Meazza, la afición del FC Internazionale jaleó durante veinte temporadas a Giuseppe Bergomi, defensa al igual que Baresi y Maldini, que sufrió en sus carnes la epoca más gloriosa de su eterno rival y a pesar de ello se alzó campeón de la copa de la UEFA en tres ocasiones amén de ser el jugador con más partidos disputados en dicha competición. Más lejos queda ya la trayectoria impecable de Sandro Mazzola, ídolo interista, enemigo íntimo del gran Gianni Rivera e hijo del también futbolista Valentino Mazzola, fallecido en la Tragedia de Superga. 417 partidos, 17 temporadas y 116 goles avalan su leyenda.

Fiel a los colores

Hasta hace relativamente poco era muy difícil ver jugadores españoles en otras ligas -exceptuando al único Balón de Oro español y emigrante pionero, Luis Suárez-, y mucho menos a aquellos con cierta calidad sobre el césped. Por ello, en la Liga siempre han existido jugadores fieles a su equipo de toda la vida, esos que daban enjundia a cada uno de los conjuntos de la Liga. Esa tendencia cambió a principios de este siglo y se reafirmó en 2008 con la consecución de la Eurocopa, que puso en el disparadero mundial al fútbol ibérico. Desde entonces muchos futbolistas españoles han emigrado a otras ligas -Torres, Xabi Alonso, Morata, Mendieta, Llorente, Raúl, Mata, De Gea, Valdés-, y hasta símbolos de la afición como Xavi y Casillas han dejado sus clubes de siempre para probar suerte en el extranjero.

Si tenemos en cuenta conjuntamente el palmarés y la filosofía de club, no hay mejor equipo en el mundo que el Athletic Club de Bilbao. El espíritu que se respira cada domingo en La Catedral del fútbol que es San Mamés también afecta a los que corren por su césped y el mejor ejemplo de ello es su actual presidente, Josu Urrutia, que defendió la camiseta rojiblanca de su equipo durante quince temporadas antes de pasar a su puesto de máximo dirigente. En muchas de esas temporadas compartió plantel con uno de los mayores ídolos de la afición bilbaína: Julen Guerrero. Con una irrupción fulgurante y una apariencia más propia del quinto Beatle que de un futbolista de Portugalete, Guerrero rechazó un cheque en blanco de varios clubes importantes para permanecer ligado al club de sus amores en el que se retiró en 2006 tras 14 temporadas. Si nos remontamos más atrás, Txetxu Rojo, otro one club men vistió la zamarra de los leones durante la friolera de 17 temporadas antes de pasar a los banquillos en clubes como el Celta de Vigo, el Real Zaragoza o el propio Athletic.

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Xabi Prieto. Imagen: La Información

Sin dejar Euskal Herria podemos sumergirnos en otra cantera legendaria, la de la Real Sociedad de San Sebastián. El equipo txuri-urdin siempre se ha caracterizado por la presencia de jugadores extranjeros talentosos -Aldridge, Nihat, Kodro, Kovacevic, Karpin…- junto a un núcleo de jugadores vascos de cantera. Actualmente Xabi Prieto es el último estandarte de una importante lista de fieles a los colores blanquiazules integrada por jugadores míticos como Aramburu, Pikabea o Satrústegi y en la que destaca por encima de todos el considerado mejor jugador de su historia: el gran Luis Miguel Arconada, defensor de la portería realista durante quince temporadas en las que ganó dos Ligas, una Supercopa y una Copa del Rey.

Pero si es difícil permanecer toda una vida en un club modesto, la exigencia perpetua de ganar títulos, los constantes fichajes y la competitividad atroz por cada puesto existente en los grandes clubes también dificultan la fidelidad eterna de un jugador. A pesar de todo, tanto en el Real Madrid como en el FC Barcelona han existido jugadores importantes que han superado la competencia y han alcanzado trayectorias legendarias en los dos grandes de la Liga. José Antonio Camacho recorrió durante 16 temporadas la banda del Santiago Bernabéu antes de llegar a ser un entrenador de éxito y Manuel Sanchís, el único componente de la mítica ‘Quinta del Buitre‘ que permaneció toda su carrera en el club de Chamartín, se convirtió en uno de los futbolistas más laureados de la historia de la Liga. En el FC Barcelona, el auge de la cantera en los últimos años les ha convertido en el mejor equipo del siglo XXI gracias a un juego atractivo y a un palmarés envidiable comandado por cuatro Champions League. A pesar de la retirada de Carles Puyol, símbolo de una generación irrepetible y corazón del equipo en el que jugó durante quince temporadas, y la marcha de Xavi al fútbol qatarí, el club culé aún cuenta con dos one club men de talla mundial en ciernes: Leo Messi y Andrés Iniesta.

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Carles Puyol. Imagen: Pro Soccer Tal NBC Sports

Y no son los únicos casos que se han dado en la Liga, los aficionados de equipos más modestos siempre recordarán a aquellos jugadores que no dejaron el club para ir a otro con más aspiraciones, que aguantaron en el club de su vida y lo ayudaron a pasar las temporadas tristes que pasan todos los equipos pequeños. Sin duda por Gijón aún recuerdan la cabeza despoblada de Ablanedo,  en Heliópolis el paso de Ureña por alguno de los mejores años y en A Coruña la capitanía de Fran dentro del mejor equipo de su historia, el mítico SuperDepor.

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En una competición tan endogámica como la liga alemana no sorprende la presencia de jugadores que han desarrollado su carrera en el mismo equipo. Ser un one club men en la Bundesliga se reduce a dos opciones: no sucumbir a la tentación de los abultados cheques del Bayern Munich o resistir la fiera competencia existente en el siempre largo plantel del club bávaro. Esto último es lo que hizo durante 13 temporadas Sepp Maier, uno de los mejores porteros de la historia, al que hasta hace nada podría habérsele añadido Bastian Schweinsteiger si no hubiera cambiado este verano Munich por Manchester. Entre aquellos que aguantaron los embites financieron del Bayern cabría destacar a Berti Vogts, fiel al Borussia Möenchenglabach de los años 70 y seleccionador de la selección alemana que se proclamó vencedora de la Eurocopa con aquel Gol de Oro de Oliver Bierhoff; a Uwe Seeler, delantero del Hamburgo Sv que comparte con Pelé y Klose el exclusivo honor de haber anotado en cuatro citas mundialistas; y Jurgen Klopp, que a pesar de ser más reconocido como entrenador del Borussia Dortmund desarrolló toda su carrera como jugador en el Mainz 05.


Cualquier tiempo pasado fue mejor y en el caso de los one club men no se podría estar más de acuerdo con la afirmación. Los clubes míticos de Europa tienen una historia plagada de jugadores que solo portaron una camiseta con el orgullo de defender los colores de su pueblo, su barrio o su región. Y no solo es un fenómeno europeo, sino algo mundial como puede demostrarse con los ejemplos de Lev Yashin, ‘La Araña Negra‘, leyenda de los palos y único portero galardonado con el Balón de Oro que solo defendió una portería, la del Dinamo de Moscú; o Manuel Pellegrini, conocido entrenador que militó durante 13 temporadas en el Universidad de Chile. Cualquier tiempo pasado fue mejor y los one club men forman una especie que está abocada a la extinción en aras del espectáculo y el negocio. ¿Quién hubiera imaginado hace unos años que hoy veríamos a Gerrard, Lampard, Xavi, Casillas o Schweinsteiger con otra camiseta?

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