Apenas dos meses después de celebrar el vigésimo aniversario de su representación cinematográfica más aclamada, la Mafia siciliana tornaba su cara amable y romántica en una tez violenta, expeditiva y terrorífica asesinando al juez que la atormentaba con sus investigaciones. La muerte de Falcone y Borsellino marcaría 1992 en la conciencia de todos los italianos.


El 15 de marzo de 1972, la sinuosa melodía compuesta por Nino Rota daba inicio a un monólogo que acaba convirtiéndose en una plegaria manifiesta, y que coincide con la aparición, bajo una luz tenue, del auténtico eje sobre el que gravita la escena, la película, el mito. “Bonasera, Bonasera, ¿qué he hecho para que me trates con tan poco respeto”, exclamaba un Marlon Brando magistral, obligado a usar prótesis en sus mandíbulas para interpretar a uno de los mejores personajes de ficción jamás creados: el padrino Don Vito Corleone, The godfather.

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Francis Ford Coppola llevó al cine con maestría la novela homónima de Mario Puzo, y consiguió dar una imagen de la Cosa Nostra muy diferente a la que imperaba entonces. Con un reparto espectacular -Al Pacino, Robert Duvall, Diane Keaton, James Caan- comandado por Brando, The Godfather está considerada una de las mejores películas jamás filmadas, y valió un merecido Óscar -que no aceptó como rechazo al maltrato de la comunidad india americana- a su protagonista. Brando escenificó al capo clásico, con fuerte sentido del honor, para el que su familia es lo más importante y cuya moral no le permite traficar con drogas, pero sí realizar otro tipo de actividades delictivas. Don Vito permanece en el imaginario colectivo como símbolo de lealtad a unos principios, que no tienen por qué corresponderse con los de la sociedad. Así, Puzo, Coppola y Brando vistieron a la Mafia con un aura de misterio, de amabilidad a pesar de sus crímenes, de un romanticismo propio de otra manera de proceder, de otra época en la que las amenazas burdas dejaban paso a la elegante insinuación: “Le haré una oferta que no podrá rechazar…”

Veinte años después de su emisión mundial, la realidad alejaba esta imagen honorable de la mafia de la manera más atroz posible. El 23 de mayo de 1992, el juez Giovanni Falcone fue asesinado junto a su mujer y sus tres escoltas, en un brutal atentado perpetrado en la autostrada que une a Palermo con su aeropuerto (hoy conocido como Falcone-Borsellino). Salvatore Totó Riina -jefe de los Corleonesi– ordenó colocar una tonelada de explosivos que hizo volar 300 metros el coche blindado, y que quedó registrada en los sismógrafos cercanos. El juez, conocido por ser el azote de una mafia que ya había atentado contra él en 1989, luchó perseverantemente para acabar con el problema que desde hacía tiempo ahogaba a su tierra. No obstante, también fue siempre consciente de que su empeño le costaría la vida, y así lo declaró poco antes de morir:

“Los hombres pasan, las ideas se quedan”.

La vida -y la muerte- de Giovanni Falcone discurrió paralelamente a la de su compañero de profesión y amigo Paolo Borsellino, designado su sucesor. Ambos comenzaron su carrera a las órdenes del magistrado Rocco Chinnici, y dilataron la trágica línea de juristas asesinados por la mafia -encabezada por Cesare Terranova, predecesor de Chinnici-. Ambos vivieron aislados con sus familias en un búnker durante los procesos contra la mafia, y ambos acabaron sucumbiendo al crimen organizado, ya que Borsellino fue también asesinado el 19 de julio de 1992, apenas dos meses después de suceder en el cargo a su amigo. Ambos murieron en un año negro para la lucha antimafia, pero sus fallecimientos fueron un revulsivo en la conciencia italiana sobre el problema real que significan la Cosa Nostra siciliana, la Camorra napolitana, la ‘Ndrangheta calabresa y la Sacra Corona Unita de Puglia.

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En el vigésimo aniversario de la muerte de los dos magistrados, otra bomba resonó en el sur de Italia, en Brindisi (Puglia). Esta vez el atentado no fue dirigido contra ningún magistrado ni fiscal antimafia, sino contra un instituto donde falleció una estudiante y otra joven quedó en estado crítico. Inmediatamente la sociedad se giró hacia la mafia, no por la forma en la que se produjo el ataque, sino por el recuerdo colectivo de una fecha marcada con sangre y, sobre todo, por las coincidencias. La escuela agredida lleva el nombre de Francesca Morvillo, la también asesinada esposa de Falcone, y preparaba aquel día una reunión de alumnos para crear la Carovana della Legalità, marcha organizada por la asociación antimafia Libera que recorrió Italia en conmemoración del vigésimo aniversario de la muerte los jueces. A pesar del atentado, o por él, el 23 de marzo de 2012, 2.600 jóvenes llegados de toda Italia se manifestaron en Palermo para mostrar su apoyo a la lucha antimafia y como recuerdo a aquellos jueces que se dejaron la vida en su cargo. Hoy, quizás, la preciosa melodía creada por Nino Rota ya no suena tan romántica…

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