En el intento de desmontar la torre de babel en la que vivía, el Doctor Esperanto firmó un folleto en el que presentaba un lenguaje; alternativa diseñada para unificar a la humanidad mediante la conexión idiomática. Su visión utópica se hizo realidad con el nacimiento de una nueva lengua: el esperanto. Casi 130 años después de su irrupción, áun sigue siendo marginal dentro de un sistema al que le interesa -hoy más que nunca- mantener la incomprensión generalizada.


En su infancia en Bialystok -ciudad entonces perteneciente al Imperio Ruso, en la actual Polonia- Ludwik Lejzer Zamenhof convivió con una amalgama de comunidades de orígenes variopintos, lo que se tradujo -en sentido literal- en la coexistencia geolingüística y la adopción como nativas de varias lenguas por sus convecinos. Sin ir más lejos, Lázaro -nombre por el que se también se le conoce- Zamenhof hablaba ruso, alemán y polaco como nativo y tenía nociones de griego e italiano, entre otras lenguas. Este auténtico caos lingüístico, causa de conflictos en numerosas ocasiones, le llevó a trabajar para conseguir una unión idiomática que facilitara las cosas en su región y en todo el mundo.

Esperanto Zamenhof - Maldita Cultura Magazine

En busca de una solución para este problema, comenzó a desarrollar un idioma común basándose en algunas lenguas clásicas que conocía bien. Abandonó el proyecto cuando comenzaba a tomar forma –protoesperanto– debido a sus estudios universitarios, a través de los cuales se licenció en oftalmología. Tras su paso por la universidad, Zamenhof retomó sus planes a pesar de recibir un duro golpe con la creación del Volapük, un idioma auxiliar como el que intentaba crear, ideado por el sacerdote alemán Johann Martin Schleyer en 1879. El Volapük tuvo un gran éxito inicial llegando a alcanzar cien mil hablantes, aunque posteriormente entró en declive hasta tocar fondo en la actualidad, en la que prácticamente es una lengua muerta aunque posea su propia Wikipedia. Lejos de desanimarse, Zamenhof utilizó el Volapük como lanzadera para aprender de sus errores y mejorar su proyecto de lengua universal.

Por fin, su arduo trabajo se materializó en Lingvo internacia. Antaûparolo kaj plena lernolibro (Lengua internacional. Prefacio y libro de texto completo), conocido actualmente como Unua libro (Primer libro), publicado en ruso en 1887. En él, Zamenhof utilizó Doktoro Esperanto -cuyo significado es Doctor Esperanza- como seudónimo, lo que desembocó en el conocimiento de la lengua artificial expuesta en el libro como esperanto. Posteriormente, Zamenhof publicó otros escritos -como Dua Libro o Nega Blovado– en los que realizaba mejoras a su idioma, el cual tuvo una gran aceptación traducida en un crecimiento rápido del número de esperantistas en los años siguientes a su lanzamiento, muchos de los cuales eran antiguos hablantes de Volapük.

El esperanto se expandió desde el Imperio Ruso, de donde era originario, hacia Europa Occidental y posteriormente hacia América y algunos países asiáticos. Esta difusión desembocó en la celebración del I Congreso Universal de Esperanto en 1905, evento celebrado en Boulogne-sur-Mer (Francia), donde participaron unas setecientas personas entre las que se encontraba el propio Zamenhof. El congreso sigue celebrándose año tras año en diferentes ciudades de todo el mundo, con una asistencia que alcannzó su pico máximo en los casi seis mil asistentes del congreso de 1987 celebrado en Varsovia. La última edición del mismo se celebró en 2014 en Buenos Aires y ya están designadas sus sedes para los próximos dos años: Lille (Francia), en la que será su edición número cien, y Nitra (Eslovaquia).

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A pesar de ser la lengua construida con más éxito de la historia, el esperanto no ha logrado llegar a ser idioma oficial en ningún país y actualmente el número de hablantes solo asciende a los dos millones -de los cuales hay diez mil nativos- en los cálculos más optimistas.

Las ideas de Zamenhof fueron totalmente revolucionarias para la época que le tocó vivir, su concepto sobre la unidad de la humanidad respetando las diferencias locales -una suerte de globalización filosófica- no solo se plasmó en la creación del esperanto. Zamenhof también promovió una doctrina suprarreligiosa liberal, pacifista y cosmopolita -llamada homaranismo- basada en los principios divulgados por el rabino Hilel I el Sabio -o hilelismo- mediante la publicación del libro Deklaracio pri homaranismo, escrito en esperanto. Así, Zamenhof como entusiasta seguidor de la idea de unidad humana trabajó en la creación de una lengua y una religión que pretendían eliminar las barreras y consolidar las relaciones universales humanas.

Lamentablemente, sus propuestas y con ello el intento de una globalización intelectual han acabado en un fracaso relativo, a la par que la globalización económica ha alcanzado su cénit en la configuración del mundo moderno cuando se ha sobrepasado el 125 aniversario del esperanto. Aún así, la esperanza es lo último que se pierde…

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