Está feo contradecir a los grandes. Más aún si son los creadores de lo contradicho. Pero la última novela que Bolaño publicó en vida, Una novelita lumpen, merece ser rescatada de la lumpen-literatura en la que su padre la concibió.

Una novelita lumpen Roberto Bolano Maldita Cultura Magazine


Una novelita lumpen (Mondadori, 2002) es una novelita por su extensión y por nada más. Se lee en pocas horas, se asimila pasado un largo tiempo y entonces se transforma en una gran novela. Durante esta metamorfosis, se genera un estadio de prosa poética que provocó en Bolaño la noción de ser mejor poeta que novelista. Un estadio que a sus lectores también nos provoca:

“En esos segundos, sin embargo, puedo ver los ojos de la persona que yo fui, puedo ver su pelo, sus labios desdeñosos, sus pómulos que parecen frío y su cuello que también parece de mármol frío y cuya breve visión consigue casi siempre helarme.”

Bianca, ahora una madre casada, era una niña cuando la muerte de sus padres la convirtió en delincuente. Pero antes de ser delincuente fue estudiante. Trabajó en una peluquería y pasó unas cuantas noches viendo películas pornográficas junto a su musculoso hermano, empleado en un gimnasio. También fue compañera de piso de un libio y un boloñés, dos tipos capaces de ocupar la habitación de unos padres muertos y la cama de una huérfana dispuesta a desvirgar su futuro. Y fue joven y puta. La puta de Maciste: un hombre gordo y ciego que alguna vez fue estrella de cine y Míster Universo, y cuyo glorioso pasado y triste presente transforma a Bianca en una mujer que no sabe si enamorarse o delinquir. Tal y como se revela, Una novelita lumpen es toda en sí metamorfosis.

“-Si tuvieras que matar a alguien, si no tuvieras ninguna otra opción, ¿a quién matarías?

A cualquiera. Me asomaría por la ventana y mataría a cualquiera.

Proyecto ‘Año Cero’

En el año 2000, Grijalbo Mondadori creó el proyecto ‘Año 0’. Con él, concedió una estancia a siete escritores hispanoamericanos en la capital del mundo que desearan. A cambio, los autores se comprometieron a escribir una novela sobre la ciudad elegida. Así, la editorial creó una interesante colección de crónicas de viajes en el marco del nuevo milenio. Nacieron:

  • Mantra, de Rodrigo Fresán (que viajó a México D.F.).
  • Treinta días en Moscú, de José Manuel Prieto.
  • Oriente empieza en El Cairo, de Héctor Abad Faciolince.
  • El tren a Travancore (Cartas Indias), de Rodrigo Rey Rosa (que residió en Madrás, la actual Chennai).
  • Octubre en Pekín, de Santiago Gamboa.
  • y Hora de Times Square, de Gabi Martínez (que desde Nueva York se encargó además de coordinar el proyecto).

Y así, dicen algunos, fue también como nació Una novelita lumpen, tras siete cortísimos días de gestación en Roma.

Roma es Blanes, México D.F. y hasta Ciudad Juárez

Sin embargo, otros estamos convencidos de que la obra surgió de otro modo. Por ello, al resumirla, obviamos el lugar donde se dan los hechos. Roma podría haber sido Blanes, o más bien México D.F., o aún más Ciudad Juárez. Porque aunque Bolaño decidió pasar una semana en la capital del país que “más debe parecerse al cielo” (según dijo poco antes de morir), Bianca deambula durante ciento y tantas páginas por el mismísimo infierno.

A lo largo de la novela, “Roma” es escrita por Bolaño doce veces. Una de ellas referida además al “Míster Roma” Maciste. Son pocas, poquísimas hasta para una novelita. Pero Mondadori poco pudo reprochar al escritor al leer fragmentos como este:

“A veces escuchaba un sonido raro que cruzaba la oscuridad como una raya de tiza, y Maciste decía que era el graznido de un halcón que vivía en una casa abandonada del barrio, aunque yo nunca he sabido de un halcón que viviera en una gran ciudad, pero en Roma pasan estas cosas, cosas raras que entonces escapaban de mi entendimiento […]”

Los fieles a la idea de que Roma pudo ser cualquier otro lugar -entre los que seguramente se encuentra Anagrama, que reeditó la novela en 2009-, descubrimos al releer la obra de Bolaño que su gestación duró más de siete días y que, durante mucho tiempo, se estancó en forma de relato y se llamó, y se llama, Músculos.

Músculos, la gran hermana menor

En este cuento, que Anagrama ha rescatado y compilado con otros en El secreto del mal (2007), la joven Marta relata el desamparo que su hermano Enric vive desde la trágica muerte de sus padres. A su casa de Barcelona también van a vivir, y concretamente a dormir en la habitación de los padres muertos, dos amigos del chico. Y mientras Marta trabaja en la Academia Malú, Enric come proteínas y suda las máquinas del gimnasio. ¿Por qué? Porque desde pequeño “su mayor ilusión es trabajar como Maciste”. Ambas obras comparten además el gusto del escritor por lo inacabado. Lo declara Bolaño en el cuento que da nombre a su cuarto libro de relatos, el ya citado El secreto del mal:

“Este es un cuento muy simple aunque hubiera podido ser muy complicado. También es un cuento inconcluso, porque este tipo de historias no tienen un final.”

Una novelita lumpen es lumpen porque sus personajes son harapos de la vida y por nada más. Un relato con capacidad para convertirse en una novela cargada de poesía, que a su vez se ha convertido en la primera y por ahora única adaptación cinematográfica de la obra de Bolaño, definitivamente no merece el apellido que le dejó su padre.

Il futuro, primera adaptación al cine de la obra de Bolaño

La propietaria de los derechos de la novela desde 2006 y madre de la sugerente versión fílmica, la cineasta chilena Alicia Scherson, asegura que cambió el nombre a su vástago por Il futuro (2013) para evitar problemas de traducción. Su película tardó siete largos años en gestarse y se estrenó en el Festival de Cine de Sundance, uno de los mejores escenarios del mundo. Prefiero pensar que la joven directora rebautizó a la obra porque, como Il futuro demuestra, Una novelita lumpen ni es novelita, ni es lumpen. Pero está  feo contradecir a los grandes, más aún si son los creadores de lo contradicho.

Il Futuro Novelita Lumpen Alicia Scherson Roberto Bolaño - Maldita Cultura Magazine