Mohamed Siam, director de cine egipcio, presentó durante el Festival de Cine Africano de Tarifa su documental Balad Meen, en el que se acerca a la revolución egipcia desde el punto de vista de un policía, sector denostado por la población egipcia. Un documental valiente con toques de película gánster que muestra los primeros pasos de un realizador con mucho que aportar y trasgredir en el panorama cinematográfico actual.

Hablamos con el director en una habitación desordenada y elegante. El mediodía de Tarifa entra por la ventana, el viento ha dado una tregua. Siam, como en realidad todo el mundo le llama, parece serio de lejos, pero de cerca trasmite una sensación de calma que solo transmiten los que saben apreciar la vida. Detrás de este hablar despacio se esconde un cineasta capaz de superar todas las trabas de un mundo injusto. No cree que sus películas puedan exhibirse en su país por lo menos en diez años; nosotros tenemos la oportunidad de disfrutarlas ahora. Empezamos a conversar con el miedo de que nuestro aprendizaje de inglés no nos traicione a ninguno de los dos.

Mohamed Siam


Balad Meen nos acerca a la revolución egipcia desde un punto de vista distinto al que nos llega a través de los medios de comunicación. Sin embargo, al final de la película no nos queda claro cuál es el estado actual de Egipto. Como habitante y como creador, ¿cómo ves la situación de tu  país en la actualidad?

Es mucho peor, mucho peor que cuando empezamos la película en 2011 y que cuando la terminamos en 2014. En esos tres años hubo una gran serie de cambios. Ahora hay otra cara de estos tiempos tan dramáticos.

La revolución sucedió para parar ciertas relaciones y frenar ciertas rupturas que actualmente, debido a las contrarrevoluciones y a los alzamientos, son aún más graves. Al acabar la película, comenzó una nueva era, y desde entonces ha habido cien mil arrestos políticos. Egipto se está convirtiendo en un país muy difícil. Desde que empezamos hasta que terminamos la película se han sucedido varias etapas de la revolución egipcia, un estado revolucionario, un régimen religioso como fue el de los Hermanos Musulmanes y, en la actualidad, un régimen policial.

La población egipcia siempre ha tenido miedo a la policía, pero esos miedos pararon durante los años que hicimos la película. Tras terminarla, la situación era tan distinta que nadie podía volver a hablar con naturalidad con los miembros de la policía. Comenzaron de nuevo a nacer los muros y a volver el respeto hacia ellos. Es decir, volvió a acrecentarse la brecha entre la policía y la gente. Por eso solo entre los años 2011 y 2014 se podía hacer una película como Balad Meen.

En un contexto como este, ¿qué problemas te encontraste a la hora de realizar la película?

Todo el proceso de realización estuvo plagado de dificultades. Sin embargo, nos llevamos una sorpresa antes de comenzarla, creíamos que lo más difícil iba a ser ganarnos la confianza del policía protagonista. Ese fue nuestro mayor reto: hacer hablar a alguien de esa institución de un modo personal, no representando los valores del grupo. Fue más fácil de lo que creíamos que se abriese a nosotros y desde que lo hizo comenzó a verse como parte del equipo.

Solo al final de la película, cuando el estado policial se restauró, se convirtió en algo muy difícil hablar con la policía otra vez. No podíamos conversar con naturalidad porque no sabíamos qué consecuencia nos depararía a ninguno de los dos.

¿Como conseguiste entablar una relación tan estrecha con la policía?

Como director o como operador de cámara intento, lo máximo que puedo, esconderme detrás de ella. Cuando enfoco a una persona intento que la lente capture lo que yo estoy sintiendo y si siento algo cuando hablo con esa persona cambio el ángulo para poder identificar mi sentimiento con la cámara, solamente para que el espectador pueda sentir viendo la película lo que yo sentí. También a la hora de acercarme a la persona intento no tener ni crear ningún tipo de prejuicio, tienes que hablar y hacerle hablar eliminando cualquier prejuicio. Si una persona se siente juzgada mostrará la persona que quiere ser o la persona que quiere dar a percibir, no la persona real. Por el contrario, si siente que se puede abrir sin ser juzgado lo hará con total libertad. Es lo más importante en el documental y en la vida, pero toma mucho tiempo.

Antes de hacer cine estudiaste Psicología. ¿Cómo influye la psicología a la hora de hacer cine? ¿Cuánto de psicología hay en el cine y cuanto de cine en la psicología?

Hay muchas similitudes entre ambas, pero la mayor es que las dos son secciones de la naturaleza humana. Cuando tienes que describir a un personaje en ficción intentas tener todas sus contradicciones en una unión coherente, en documentales se suelen elegir personas que tienen muchas contradicciones y extremos muy opuestos. También buscas las raíces, si tu personaje tuvo un padre muy severo él se comportará de forma muy severa con sus hijos. La psicología es lo que nos ayuda a darnos cuenta de que no somos muy diferentes y que todos venimos al final de lo mismo.

Hay un ejemplo en la entrevista principal del documental: esa entrevista comienza con el ángulo en un punto y acaba en otro donde puedes ver como la cara del policía está la mitad oscura y la otra mitad iluminada. Eso era lo que quería explicar, la dualidad de la naturaleza humana, el protagonista es tan tierno con su hija como amante de su trabajo de represión.

Estas son las cosas que yo siento, las que me hablan como psicólogo y las que me hacen ser cineasta. La psicología es lo que nos hace comprender que al final el cine es el mayor retrato de la naturaleza humana. Incluso aunque no todos pongamos las mismas palabras, a veces simplemente se siente viendo una película. Sientes algo, sientes a la naturaleza humana. Y al menos es lo que yo intento transmitir con mi cine.

Mohamed Siam

¿Cómo comenzaste a hacer cine? ¿De dónde te viene ese impulso?

Desde que era pequeño sabía que quería hacer cine; vino de forma natural. La psicología se metió por medio, pero sabía que tarde o temprano acabaría haciendo cine. En la universidad entrené como ayudante de dirección en pequeñas producciones. En un primer momento, no sabía exactamente lo que quería, solo que quería ser parte del proceso, cuando veía una buena película y me sentía satisfecho como espectador algo me decía que mi parte no había acabado allí. Empecé actuando al principio pero no funcionó, nunca voy a ser como Johnny Deep, así que dije, mejor dirijo.

Ahora que lo has conseguido, ¿cómo ves el rol de director?

La parte más dura es que tienes que tomar muchísimas decisiones. Cada segundo está hecho de decisiones que tienes que tomar muy rápidamente. Si no eres capaz de lidiar con esto, es imposible que seas un buen director, puedes tener mucho talento, pero estás perdido si no eres una persona decisiva.

¿Cuáles son tus referencias a la hora de hacer cine?

Tengo que confesar que antes de hacer esta película apenas había visto documentales. Siempre había visto y hecho ficción, y en realidad intenté con esta película hacer algo de ficción, lo traté al menos. La mayor parte de la película está basada, sobre todo el carácter del personaje, en cine de gánster o de crimen.

En general, no tengo películas como referencia, pero sí directores: como Andréi Tarkovski y Emir Kusturica, ambos tienen una carrera muy interesante, los mundos que crean son muy extremos, pero tienen mucha coherencia. Además, se toman su tiempo para hacer la película, creo que es algo esencial, Tarkovski incluso llego a tardar siete años en hacer una película por eso solo tiene siete títulos.

Ese tiempo o ese modo de enfrentarse a las películas es el que le ha valido entrar en la historia. Otros directores hacen cincuenta películas y a nadie le importa.

En cuanto a cineastas egipcios, hay muchos que considero interesantes, como Yousseff Chachine uno de los directores árabes más famosos a nivel internacional.

¿Cuál es el estado actual del cine egipcio?

Ahora mismo el cine egipcio está en un punto interesante de interjección entre miradas distintas. Esto ha supuesto un cambio en la industria cinematografía, en los setenta hacíamos unas 150 películas; no dista mucho del número de producciones actuales, pero en cuanto al estilo de los títulos se ve como hay una paridad entre cine comercial y cine independiente. Es muy interesante ver cómo las películas de autor están al mismo nivel que las películas ligeras de toda la vida.

Creo que el gusto de los egipcios en cuanto al cine está cambiando de forma exponencial, está tomando forma ahora. Yo creo que los egipcios somos bastantes cinéfilos, solo que nuestra cinefilia está tomando vuelo y forma actualmente.

Ahora llegan autores como Kusturica, con un mundo peculiar, ya había llegado a todo el mundo y nosotros estábamos esperando ver algo así.

Que nuestra industria se esté cimentando con un pie en cada límite hace que haya muchas obras hibridas entre ambos, esa es la parte que más me gusta. Las películas de autor pueden ser geniales, pero también pueden ser pretenciosas. Las películas comerciales pueden ser tontas, pero pueden ser críticas. No existe una receta, lo importante es lo que te diga dentro.

¿Cómo es la situación de los cineastas egipcios a la hora de realizar un proyecto?

Es muy difícil grabar en Egipto, hay demasiados obstáculos y tienes que pagar muchísimo dinero para las licencias de grabación y las trabas burocráticas impuestas. Tenemos que empezar a reconstruir todo porque hay muchas restricciones, lugares donde no se pueden filmar, personas, muchas indicaciones sobre cómo hacerlo, vigilancia policial…

Por otra parte, la fluidez con la que se crean proyectos no para, hay muchísimos directores de cine egipcios con una gran variedad de guiones.  Están tomando forma muchos tipos distintos de cine.

Mohamen Siam

¿Qué opinas de que el cine árabe, así como el cine africano, esté plagado de producción europea o americana?

Ahora mismo no puedes hacer una película árabe o africana sin coproducción. Pero no creo que hablemos de términos de colonización, porque en la realidad no ponen muchas restricciones a la hora de crear una obra. Es más una cuestión de expectativas, tienes que ser consciente de qué vieron en ti y mejorarlo.

¿Cuál es el papel del cine en las revoluciones sociales? ¿Cómo se usa de arma para el cambio?

Lo que está pasando actualmente en el Medio Este es muy importante y por tanto es importante que se sepa. Ahora mismo no se puede hacer un cuento de hadas, una ficción vacía, no sería justo. El documental es actualmente, y más en este contexto, extremadamente necesario. Siento en general que documentar es un concepto que el mundo árabe ha perdido o que apenas ha calado en nosotros. No tenemos conciencia de nuestra propia historia y, por tanto, tampoco de nuestra actualidad. Incluso los que hablan de ella lo hacen de una forma sesgada o falsa, a las nuevas generaciones le llega una versión distorsionada de lo que pasó en su país. Aquí es donde el documental tiene su hueco, el cine es parte de la revolución, sobre todo para explicar a los que aún no han nacido, esa es la función del documental.

En los años 50 hubo una revolución en Egipto, pero no sabemos exactamente qué pasó porque apenas había cámaras. Solo tenemos las interpretaciones de los que vivieron.  El cine debería tener el papel ejemplar de enseñarnos quiénes somos y cómo ha sido nuestra historia.

Balad Meen forma parte de una trilogía de piezas sobre la primavera árabe. ¿Nos podrías hablar de las otras dos películas que la componen?

A finales de este año saldrá a la luz el otro documental que compone esta trilogía: Amal sigue la adolescencia de una chica en plena revolución egipcia. Grabé el proceso de la chica durante seis años, desde que tenía catorce hasta los veinte. Comienza en 2011, cuando es represaliada por la policía, y acaba en 2017, cuando finalmente ella se une a la policía. Con el estado policial restaurado muchos que lucharon solo tuvieron la oportunidad de unirse a ese estado.

La tercera pieza es una película de ficción que estamos desarrollando. Los protagonistas son los mismos policías que aparecen en Balad Meen, pero sin centrarse en ninguno. Será una película más ligera, al estilo Tarantino. Un rollo absurdo que te haga no sentir la gravedad de los hechos.

En Balad Meen estuviste grabando durante tres años; en Amal durante seis, además grabando un proceso personal tan duro como puede ser la adolescencia. ¿Cómo se lleva acabo el seguimiento? ¿Cómo te ha cambiado tantos años de rodaje?

Empecé la película cuando iba a cumplir los treinta, así que he crecido con ella; hay quince años de diferencia entre mí y la chica. Veía las cosas muy diferentes conformes pasaba el tiempo, todo el mundo de la chica cambia en la película y por tanto el mío también. Cinco gobiernos muy distintos se han sucedido en estos años, desde un régimen policial a un extremista religioso; todo eso le cambiaba a ella, pero irremediablemente me cambiaba a mí. Lo esencial es cómo todos esos cambios les afectaban a las sensaciones, por ejemplo, en la etapa de los hermanos musulmanes ella tenía que llevar velo. Ella es una figura simbólica de muchas cosas que pasan en el estado y de cómo afecta a las nuevas generaciones que han formado sus personalidades en un ambiente así.

No creo que estos años hayan cambiado mi modo de concebir el cine, pero sí han confirmado ciertas creencias. Me ha hecho hacerme muchas preguntas y redefinir muchas otras cosas, no exactamente sobre el cine, sino sobre cosas que pueden afectar a mi cine. Qué significa tener una casa, qué significa pertenecer a algún lugar, a algún grupo, a alguna creencia…. Sobre todo, qué significa ser un adulto en el mundo político.

También nos cuestionamos qué significa tener ciertas ideas y hasta cuándo puedes mantenerlas. Ella creía en cosas en las que ya no cree y ese desarrollo se ve en la película. La película trata finalmente de crecer y cómo eso cambia todo; también trata sobre mirar hacia atrás y ver qué es lo que creíamos.

No tenía ningún objetivo con Amal, solo vino naturalmente. Lo que sí sabía es que es muy importante pensar en la gente de esa edad, la que ha crecido en pleno proceso de revolución. Cuáles son sus sueños y rupturas. Sus odios. Tenía que hablar de eso. Sentir que nadie te escucha lo que sueñas, lo que te frustra.

Se trata de una generación completa que cree en la revolución, pero de una generación a la que no se le ha permitido soñar. Quiero saber más sobre estas generaciones, qué sienten acerca de las profesiones, del amor, del matrimonio… quiero ver cómo han seguido con sus vidas después de llevar eslóganes y luchar con la policía.

Ya que te has acercado a ella, ¿cuál crees que es el estado actual de esta generación de egipcios?

No tienen algún sitio donde permanecer, incluso si piensan en abandonar el país llevarán sus frustraciones encima. El problema de la juventud árabe llegará a ser un problema global. Tenemos que hablar de esto porque es una bomba a punto de estallar…

Mohamed Siam