La última vez que vi a Jose fue hace unos meses, sobre el escenario de la Sala Guirigai. Lo observo mientras se dirige hacia mí; continúa pareciéndome un hombre alto, pero mucho menos de lo que me lo pareció aquel día en el que Los motivos del lobo le condujeron a maltratar a una mujer. Nos saludamos con un beso. Me convenzo de que Jose Muñoz ha perdido unos cuantos centímetros… Quizás los haya canjeado por la sencillez que hoy desprende. 

Los motivos del lobo - Maldita Cultura Magazine


Me incomoda hablar con actores porque no estoy segura de hablar con la persona o con el personaje. He ensayado mi papel de entrevistadora, pero aún así actúo con inseguridad porque no sé quién eres tú aquí y ahora…

Efectivamente, el teatro está manifiesto allá donde vayas. Por eso, este momento no es otra cosa que una obra de teatro más. Yo represento aquí y ahora a un personaje (que coincide en su modo de ser con la persona que soy), tal y como sucede contigo mientras interpretas tu rol de periodista. El teatro es esto que nos rodea; es la verdad de lo que aquí y ahora hablamos.

Es cierto que a veces el teatro se sube al escenario para contar historias. Entonces se transforma en lo que llamamos representación teatral, y se adapta a un discurso elaborado y ensayado. Pero sobre todo el teatro es la calle, y sus protagonistas somos nosotros… En fin… Estás hablando con un personaje…

Entonces, ¿se trabaja como actor o se es actor?

No es lo mismo ser actor que ser personaje. Todos somos personajes, pero para ser actor hay que trabajar mucho. El actor es un elaborador de discursos, en ese sentido nuestras profesiones se parecen; pero el actor trabaja con su cuerpo y su voz para elaborar esos discursos. El resultado de su trabajo puede parecer más abstracto que el de un profesional que fabrica cosas tangibles, palpables. Pero un actor trabaja igualmente para fabricar un material, y tiene que trabajar mucho para fabricar un buen material.

De cualquier modo, no todos estamos de acuerdo con el concepto de actor y de su trabajo. Yo no me siento cómodo cuando me presento a un casting para hacer un anuncio de publicidad, esa forma de actuar no me interesa. Pero mientras no consiga vivir dignamente con mi trabajo, con la manera en que soy actor, ¡cómo voy a negarme a ganar de vez en cuando dos mil euros por decir una frase! Entretanto, continuaremos trabajando duro.

¿Y el talento existe?
No confío en el talento. “El actor ha estado brutal”. No, perdona, ¡es que ese tío se lo ha currado muchísimo!

Me resulta peculiar la decisión de entregarse al mundo de la actuación como forma de trabajo. ¿Cómo sucede esto de levantarse un buen día y decir: “mamá, quiero ser actor”?

A ver que recuerde… Yo siempre quise participar en todo. Si en el colegio se decía “quién quiere…”, antes de saber el qué, ya tenía levantada la mano. Recuerdo aquellos días de campo en los que mi primo Tali Berrocal (que tiene un mundo interior increíble, inventaba obrillas de teatro en las que nosotros éramos los actores  y nuestros padres, el público). Recuerdo a mi padre… Seguramente él, sin pretenderlo, también me guió en esta dirección. ¡Y luego están los niños de la tele! A mí me pillaron los de Los Serrano. Los veía y pensaba: “yo también quiero”. Así que empecé a obsesionarme con la idea de hacer Arte Dramático hasta que, llegado el momento de la decisión, en vez de Arte Dramático hice Realización de Audiovisuales.

Jose hace una larga e inquietante pausa. Por primera vez desde que comenzamos a charlar, su cuerpo deja de removerse en la silla y permanece inmóvil. Su mirada también se fija sobra el cigarro que antes liaba y ahora solo sostiene. Al fin el recuerdo parece devolverle a la vida:

Realización de Audiovisuales ¡y Espectáculos! Y precisamente esa asignatura, Espectáculos, me devolvió las ganas de subirme al escenario. Cuando aquello sucedió, fui consciente de que llevaba años diciendo “quiero hacer Arte Dramático, quiero hacer Arte Dramático”, así que dejé de decirlo y busqué una escuela para hacerlo. Elegí Cuarta Pared, y ahora sé que fue la elección adecuada. Podría decir que siempre quise ser actor, pero también podría no decirlo, porque todo esto es una reflexión a posteriori…

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Hablemos de tu último trabajo: Los motivos del lobo. Vi la obra en la Sala Guirigai, así que aprovecho para dar las gracias a Zafra Violeta por su trabajo contra la violencia machista. Sinceramente, te odié mientras tu personaje maltrataba a una mujer, pero te aplaudí con entusiasmo cuando la representación terminó. ¿Cómo se reciben las felicitaciones por haber conseguido ser un maltratador?

(Resopla) Con los aplausos siempre tengo conflictos… Si también aplaudiéramos al cocinero que nos hace una buena comida o al contable que nos lleva bien las cuentas de la empresa, el gesto de aplaudir quizás no me resultaría tan polémico. De cualquier manera, mentiría si niego que me gusta recibirlos, por este papel y por cualquier otro. Será por eso del ego… Y me gusta escucharlos aún cuando soy consciente de que forman parte del ritual del teatro. La gente aplaude si les gusta, si no les gusta, si les has gustado más o menos, si la obra les ha parecido maravillosa, pero tú penoso… La gente nos aplaude siempre.

Sí, pero yo te aplaudí porque me gustaste mucho, y la mayor parte de la gente que estaba a mi alrededor y enfrente de ti se puso en pie y te aplaudió durante largo rato. Tu personaje es muy complicado, tanto como lo es un hombre capaz de maltratar a una mujer. ¿Cómo se prepara a un personaje así?

Hubo un gran trabajo de dirección en Los motivos del lobo. Aitana Sar y Fernando Jiménez, los directores de la obra, estudiaron a fondo diversos comportamientos sociales que en ocasiones funcionan como factores de riesgo en la psicología de algunos hombres. Para ello, contaron con el asesoramiento de Fedra Muñoz, psicóloga especialista en violencia de género e integrante de Zafra Violeta. A partir de ahí, pusieron en marcha sobre mí una metodología de trabajo basada en la acción.

Por ejemplo: sin explicación previa, ni texto, ni nada, me pidieron que pasara una y otra vez durante minutos las páginas de un periódico. Después de un rato, tras haber ojeado más y más titulares morbosos y haber sufrido las típicas trabas que las páginas nos ponen cuando queremos pasarlas, me había invadido una especie de frustración creciente. Y precisamente esa rabia era el propósito de los directores con el ejercicio; y entonces: ¡texto!

Supieron trabajar con mis límites, con mi imaginación, y yo pude trasladar mis propios sentimientos a mi personaje; a su voz y su cuerpo desde mi propia voz y mi propio cuerpo.

Pero entonces, el encuentro de los personajes se ha producido mediante un trabajo recíproco entre directores y actores: 

Sí, aunque al final siempre es el director el que decide, y en este caso, en el que la directora es también la dramaturga de Los motivos del lobo, la elección estaba muy premeditada. Ambos directores me conocen bien y supieron cómo manejarme para encontrar lo que querían.

Los motivos del lobo - Maldita Cultura MagazineY hallaron a un tipo caracterizado por su tensa calma…

Sin duda, aunque se llegó a él tras haber buscado a un hombre más violento. Ensayo tras ensayo fuimos descubriendo, sin embargo, que el maltrato físico, la hostia, es solo la punta del iceberg (de ahí la imagen del cartel de la obra). Todo el mundo se duele ante el sonido de un guantazo; pero a esa punta de iceberg la sostiene un bloque enorme, oculto bajo el agua.

El protagonista de Los motivos del lobo se caracteriza por practicar de manera cotidiana esos gestos escondidos y agresivos. Unas conductas que ha normalizado, y que desarrolla siempre con actitud de calma tensa.

¿Crees que existe algún personaje al que jamás prestarías tu cuerpo?

Ojalá que no. No quiero dejar de descubrirme.

Después de esta respuesta, me quedo un rato sin palabras, pensando que la conversación podría finalizar aquí, con una bonita declaración. Pero qué va. Porque ya lo dicen ellos, los del mundo del teatro, “mucha mierda”. El teatro, como el resto de artes y la maravillosa cultura que se genera en este país, está salpicado de mierda. Pido otra ronda -“pacharán y cerveza, por favor”- y continuamos hablando mientras nos cae encima la noche. 

Ahora me gano la vida currando en la taquilla de un cine, y mañana ya veremos cómo. Pero trabajo constantemente para conseguir que el teatro forme parte de las aulas, de la enseñanza básica. La gente que se dedica a la educación debería ser consciente de que el sistema de aprendizaje que se aplica en las escuelas está desfasado. Quizás a un niño no se le dé bien multiplicar, o para ser más precisos, no se le dé bien memorizar la tabla de multiplicar. ¿Pero alguien conoce a algún niño al que no se le dé bien jugar? El teatro es un juego, y jugar es la mejor forma de aprender… Desgraciadamente, creo que el teatro se dirige hacia otro lugar bien distinto. Y no solo el teatro, sino la cultura en general.

Maldita cultura:

Maldita cultura estancada. En teatro, hay apariencias de querer evolucionar, pero no son más que prácticas de ruptura con lo anterior, sin pretensión alguna. Los movimientos teatrales que provocan los momentos delicados, como sucedió con el teatro social en posguerra, parecen extinguirse. Por supuesto, contamos con un cajón de sastre, al que se le ha llamado Teatro Contemporáneo, en el que cabe “todo lo que hago y no sé cómo llamarlo ni dónde ponerlo”.

Nos hemos metido en un hoyo del que nos va a costar mucho salir… Y no digo que todo tenga que tener un nombre y un apellido, pero sí me gustaría que la gente que hace teatro supiera por qué lo hace.

¿Es libre el teatro, o todo este embrollo tiene que ver con la falta de libertad?

El teatro no es libre, depende de unos y de otros. Dependemos de un espacio, y ese espacio es de alguien, que nos  lo cede a cambio de algo.  No tiene que ser a cambio de dinero, pero en la cesión del espacio sí influirá la temática de tu obra, más aún si el espacio es de una institución pública. Además, el que nos da el espacio nos impone un horario, unas fechas, por lo que también dependemos de su tiempo.

Si de manera independiente hago teatro en mi casa, entonces estaré haciendo teatro libre, pero tendré que olvidarme de ganar ni tan siquiera para pagar la luz que uso mientras tanto. ¿Disponer de un sueldo por trabajar en esto? ¡Pero si hoy día es ya casi una regla no cobrar durante los ensayos! ¿Y alguien se ha parado a pensar cuánto dura un ensayo? No se puede estar meses y meses sin ganar nada…

Pero algunos colegas tuyos, nombres consolidados que leemos en los carteles de teatro a la par que en los créditos de películas y series, seguramente ganan más de un sueldo por su trabajo (algunos lo merecen y otros no tanto). ¿Qué se puede hacer para ocupar su lugar?

No se trata de desbancar a nadie. Los que están arriba también son dependientes… De lo que se trata es de terminar con ideas que desgraciadamente cuentan con el favor legal para convertirse en prácticas.

¿Cómo cuáles?

Hay una que engloba a todas: Artes, Humanidades y Ciencias Sociales son asignaturas que distraen. La idea, ya lo sabes, ha salido de la cabeza de José Ignacio Wert, ministro de Educación. ¿Qué más te puedo decir? Pero aunque algunos quieran evitarlo, teatro y educación van de la mano.

Aquí en nuestra ciudad, en Zafra, el gobierno ha decidido intercambiar un festival de teatro que se montaba en la calle y que tenía muchísimo éxito, me refiero a EnClave de humor, por la infraestructura de un teatro que desde que se inauguró ha tenido poquísima actividad.

No se me ocurre otra razón para hacer eso que procurar el adormecimiento de la gente. Quieren hacernos creer que no hay demanda… Y si fuera cierto que no la hay, para qué gastan el dinero en hacer un teatro de esa magnitud (y por cierto, maravilloso). EnClave de humor satisfacía la demanda cultural de muchas personas. Lo hacía en tiempo récord: “Complacemos a la gente dándoles en una semana lo que nos piden durante todo el año”. Pero ahí estaba.

Hay formatos interesantísimos que suponen, para el dinero público, una inversión económica mínima: los encargados de gestionar ese dinero bien podrían fijarse en La casa de la portera, o en La pensión de las pulgas, que montan representaciones teatrales en hogares para un público de quince o veinte personas… Pero no se fijan en nada; solo quieren dormirnos…

Y parece que lo consiguen, porque alguna vez he escuchado a la gente decir que el teatro es caro, pero del precio de las entradas de un partido de fútbol no se le escucha quejarse…

Yo consumo muchísimo menos teatro del que me gustaría. En muchos casos, el teatro es caro…

Pero no porque el teatro cueste más de lo que debiera, sino porque ni tú ni yo llegamos a eso que llaman ‘salario mínimo’.

Sí, claro… Una compañía teatral tiene dos fuentes de ingreso principales: la taquilla y el dinero público. Es decir, en la mayoría de las ocasiones, una compañía tiene una única fuente de ingreso: la taquilla. Y con ésta, la compañía tiene que pagar, entre otras muchas cosas, el trabajo del director, de los actores, del técnico, de los escenógrafos, de los diseñadores de vestuario… La entrada difícilmente nos proporciona un salario mínimo aún pareciéndonos cara, y por esa misma razón nos parece cara cuando nos toca comprarla. Comprarla y pagar el IVA… La entrada es cara porque los sueldos no llegan, pero sería menos cara si el IVA fuera más bajo.

Teatro 21 – Fútbol 10; y el teatro pierde el partido. 

Sí, pero además el teatro juega mal de por sí. Cada día se suspenden decenas de funciones y, sin embargo, las salas apuestan por la multiprogramación, que lejos de generar trabajo, lo que genera es precariedad laboral. Las salas cada vez cuentan con menos subvenciones con las que pagar el caché a la compañía; pero las salas son empresas, y lo que quieren es ganar dinero, por eso venden cualquier cosa, lo más barato, a costa de la profesionalidad y del valor artístico y educativo de las obras.

Y en otras ocasiones, terribles también, la profesionalidad se ofrece hasta el aburrimiento: El Cavernícola, de Nancho Novo, ocupa desde hace seis años la programación del Teatro Fígaro Adolfo Marsillach.

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A la vez que hubo un Jose Muñoz que era maltratador, existió otro que estuvo detenido en el cuartelillo por “vago y maleante”. Vagos y Maleantes, la obra de la consolidada compañía Sudhum Teatro, ha generado tantos seguidores como detractores por recordar ‘La Gandula’, una ley promulgada en 1933 para controlar e internar a “mendigos, rufianes sin oficio conocido, proxenetas y homosexuales”. No trata un tema fácil, menos aún en los tiempos que no han parado de correr. La obra escrita por Luis Andrés y dirigida por Gustavo del Río ha estado en el punto de mira desde el día de su estreno, en la sala Cuarta Pared. Al preguntarle a Jose por ella, he sentido que la ilusión con la que me contaba hace casi un par de años el proyecto se ha disipado. La razón, sin embargo, no parece ser la obra, sino SURGE: 

El nacimiento de SURGE coincidió el año pasado con la retirada de las ayudas de la Comunidad de Madrid a Escena Contemporánea, un festival que traía a la capital propuestas muy dispares e interesantes de compañías de todo el mundo. SURGE ha sabido venderse. Destina el dinero exclusivamente a compañías de Madrid que estrenen obras. La medida, hasta ahí, puede no parecer del todo negativa.

Sin embargo, el presupuesto también beneficia a todas las salas que así lo quieran, que cobran más o menos de la subvención dependiendo de su aforo, y que pueden proponer hasta un máximo de tres montajes. Evidentemente, en la primera edición ‘todas las salas’ resultaron ser muchísimas, y el recién nacido SURGE, perjudicial para el teatro.

Vagos y Maleantes fue el tercer estreno de la sala Cuarta Pared. Con la subvención y lo que quedó tras repartir la taquilla, Sudhum apenas pudo cubrir lo invertido en vestuario; ni por asomo se recaudó para pagar el trabajo que durante meses realizaron el dramaturgo, el director, los encargados de la escenografía y los actores y actrices. En todo caso, SURGE está inventado para beneficiar a las salas, que como poco, recaudan lo mismo que la compañía pero multiplicado por tres. Y de cualquier manera, el más perjudicado con todo esto es el teatro de Madrid. El gobierno ha intercambiado la calidad profesional de Escena Contemporánea, por la cantidad -a menudo sin ética- de SURGE.

Después de SURGE, Vagos y Maleantes salió de gira. ¿Es insostenible hacerlo sin una subvención pública?

Totalmente insostenible, aunque eso no quiere decir que sea imposible. Para que te concedan una ayuda tienes que hacer algunas cosas que dan risa (como justificar el doble del presupuesto que has calculado que gastarás). Tienes que inventar, porque si no a ver cómo lo consigues. Y todo esto es un trámite previo para que te la otorguen. Después sales de gira, y cuando ya la estás terminando (y has estado viviendo bajo mínimos durante meses y con todo el equipo hacinado en una furgona), entonces te la ingresan.

Y todavía alguno os verá y dirá que sois Vagos y maleantes… Te voy a poner en algunos aprietos que, lejos de apretarte después de lo hablado, van a servir para que nos desahoguemos un poco. ¿Comedia o drama?

Comedia para tratar dramas.

¿Clásico o contemporáneo?

Me quedo con Hamlet, pero no con el clásico, sino con el de Tomaz Pandur, cuyo príncipe es Blanca Portillo. Me seduce la dramaturgia de lo clásico, porque jamás deja de ser actual, pero representada a través de conceptos contemporáneos.

¿El naturalismo de Zola o lo absurdo de Beckett?

También en lo absurdo existieron profundas intenciones de transformación social.

Vamos con cine: ¿Amenábar o Almodóvar?

Almodóvar, supongo, pero porque cumple constantemente con fidelidad una función en el arte que maneja. De cualquier manera, tampoco soy fan de Pedro.

¿De Niro o Al Pacino?

Buf… Es dificilísima… Pero si tengo que mojarme, Al Pacino.

¿Un dramaturgo?

Un pensador, Antonin Artaud.

¿Un libro?

Esta es fácil: El Principito. De hecho, ahora estoy escribiendo un texto inspirado en él. Espero que sea el inicio de mi “teatro para adultos cuando fueron niños”.

¿Una película?

Será por esto que te digo por lo que no puedo dejar de pensar en cuando fui niño… Y (aunque busco una respuesta distinta) no deja de venirme a la cabeza la que tenía entonces:  El Mago de Oz.

Imagina que puedes interpretar cualquier papel en una película cualquiera de las que ya se han realizado, y que puedes elegir a cualquier cineasta para que dirija tu trabajo:

Sería una mujer en La voz dormida de Pilar Miró.

¡Vaya! No me perdería esa película por nada. ¿Un disco?

Dos pájaros de un tiro, de Sabina y Serrat.

¿Una bebida?

Verdejo.

¿Una ciudad?

Bilbao.

Se abre el telón y vemos a un tipo alto, con barba de unos pocos días, que habla con un extraño deje extremeño y que fuma tabaco de liar. Se cierra el telón. ¿Cómo termina la entrevista?

Teatro en las escuelas… Ya.

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Inma Jiménez y Jose Muñoz en ‘Los motivos del lobo’