He quedado con José Manuel Díez, Duende Josele para el mundo de la música, Jose a secas para sus amigos. Va a ser mi primera entrevista, Jose ya ha perdido la cuenta. Lo veo acercándose a través de la ventana de La fábrica de chocolate, justo al lado de su casa y regentada por una amiga de su familia. Detiene su paso rápido para hablar con varias personas que lo saludan. No parece que haya cambiado mucho desde nuestros tiempos universitarios. Al igual que entonces, lleva chaqueta, camiseta a rayas y zapatillas… Tampoco parece tener más arrugas que la última vez que nos vimos. Su sonrisa, no hay duda, sigue igual que siempre.

José Manuel Díez - Maldita Cultura Magazine


Hace tiempo que no nos vemos y una de las causas es que ahora vives en Lanzarote. ¿Es difícil ser poeta en tu tierra?

Mi amigo y poeta Juan Luis Serrano, al que tú conoces bien, siempre dice: “Es fácil ser poeta en tu tierra pero no en tu maceta”… Tiene mucha razón. La dificultad no está en ser poeta en Extremadura o en cualquier otro sitio, sino en ser poeta contigo mismo. Conseguir tu propio espacio y tus propios frutos cuesta mucho trabajo, y cuando empiezas en la poesía no eres consciente de ello. Ahora, con el tiempo y la investigación, y después de publicar varios libros, empiezo a averiguarlo y a tener claro lo que quiero escribir. Por otro lado, en Lanzarote he encontrado un lugar muy evocador. La fuerza del mar, la relación con la costa, el paisaje… La isla me ofrece un espacio para escribir que aquí, por diversas cuestiones, no tenía. Sin embargo, Extremadura aún está por descubrir. Hay mucho de bonito e inspirador en nuestra tierra.

Hablando de trabajo e inspiración, ¿cómo nace la poesía en ti?

Es algo que me está cambiando con la edad. En la música siempre he sido de inspiración total; canciones de servilleta de papel, de ducha, de palmeos en el escalón de un bar… En poesía, al contrario. Tengo mis momentos de inspiración y mis búsquedas, pero ahora mismo trabajo unas seis horas diarias entre lectura y escritura. Nunca había trabajado así y me siento bien haciéndolo, porque de esta manera profesionalizo mi necesidad de expresión y esos momentos de inspiración.

Ese trabajo se ha materializado en tu cuarto libro, Estudio del enigma. Pero, ¿cómo te sentiste al ver publicado 42, tu primer libro?

Ese día no lo olvidaré nunca: doce de octubre de 2004. La primera sensación fue de alegría, de euforia por terminar un proceso de casi diez años. La segunda, de desnudez. Te sientes desnudo pero libre al escribir lo que eres, algo que también me pasa con las canciones. Con 42 aprendí que hay libros que tienes que cerrar por narices, porque si no, no los cierras nunca. Como una relación de amor agotada, llega un punto en el que no está bien. Pude publicarlo mucho antes, pero no lo sentía cerrado y tuve que cribar mucho para seleccionar los 42 poemas finales.

Además, aprendí que los libros tienen vida propia, paralela a la del autor. Los llevan a sitios que no te imaginas, algo que es genial. Aunque no todo es bueno, también hay poemas que pierden su sentido original y versos, poemas e incluso dedicatorias que te arrepientes de haber incluido. Tanto lo bueno como lo malo forma parte del proceso de aprendizaje.

¿Ese aprendizaje comprende leer tus propios poemas o eres de ese tipo de escritor que nunca se relee?

Hay cosas que me gusta releer y otras que no leo nunca. De hecho, para antologías siempre mando los mismos poemas, y suelen quejarse porque me repito, pero esos son los que me gustan. Tengo muy claro lo que es perdurable de mi obra, dónde conseguí expresarme como quise y dónde no. Aún no he tenido la ocasión de corregir porque sólo he reeditado un libro, pero me encantaría en un futuro tener la oportunidad de hacer una reedición corregida o ampliada de alguna de mis obras.

Además de aprender de esos errores, supongo que también tomas referencia de lo que te rodea tanto local como globalmente. ¿A qué poeta de tu generación no nos podemos perder?

Esa elección es difícil. Primero porque tendríamos que revisar el concepto de generación. Formar parte de una generación literaria es algo más que haber nacido en la misma época. Para su denominación es necesario analizar las generaciones a posteriori, se requiere tiempo para mirar atrás. De todas maneras, hay tres autores de mi ‘generación’ que debo reseñar por trayectoria y por gusto personal.

El primero es Raúl Vacas, filólogo salmantino, unos años mayor que yo. Raúl es poeta en toda la extensión de la palabra: está totalmente involucrado en llevar la poesía a la gente y en ese sentido es maestro mío.

La segunda es Carmen Camacho, sevillana de mi edad y con la que compartí el Premio de la Casa Encendida en Madrid. Su poesía es muy distinta a la mía y su concepto, dentro del abanico poético que me interesa, está en las antípodas del mío. Tiene un mensaje distinto al imperante, un discurso femenino y feminista que considero muy necesario en estos tiempos.

El tercero es Daniel Casado, un par de años mayor que yo, residente en Mérida pero nacido en Trujillo y de procedencia científica, como también es mi caso. Fue Premio Arcipreste de Hita con un libro fantástico, El viento y las brasas, y creo que es un auténtico generador de cultura.

A pesar de esa procedencia científica, que tanto tú como yo compartimos, aquí estamos hablando de poesía, ¿dónde ha quedado la clásica dicotomía entre ciencias y letras?

En mi caso siempre ha quedado en la búsqueda. Me matriculé en Filología, estuve unos meses y no me gustó. Después entré en Ciencias Ambientales, pero tampoco la terminé. Soy una persona a la que le gusta picotear de diferentes sitios y me siento un poco humanista de la vertiente unificadora. Es cierto que existe esa dicotomía, pero creo que es más prejuicio que realidad. Muchos de mis poetas de referencia son científicos, como Basilio Sánchez, uno de mis poetas preferidos, que es médico. Al final, todo se reduce al interés por el mundo y tanto ciencia como poesía confluyen en la búsqueda de la exactitud. Hay una relación innegable entre ciencias y letras y es algo que mi poesía refleja, como en los siguientes versos recogidos en mi último libro, Estudio del enigma:

“No hay enigma en la ciencia si es exacta, tal cierta exactitud es el enigma”.

El ser humano encuentra la exactitud en las matemáticas y yo quiero que haya de eso en mi poesía. La poesía es el género literario que (por la métrica y por la suma de estructuras) más se parece a las matemáticas.

Como joven frustrado en esta España de recortes, ¿es más fácil morirse de hambre siendo poeta o siendo ambientólogo?

A día de hoy, aquí de hambre no se muere nadie pero hay muchos que se mueren de asco. Y, por supuesto, de asco se muere antes un ambientólogo que un poeta. Un poeta es más ser que tener o aparentar. El que vive como poeta, el de la calle, no necesita un título para sentirse bien consigo mismo. Si hablamos de la sociedad, el poeta sigue siendo el gran incomprendido, el último gran loco o bohemio. Poetas aún quedan, el ambientólogo es una especie en peligro de extinción.

Recuerdo cuando estábamos en la universidad y fuiste a China. Para aquellos entonces suponía para nosotros casi como ir a la Luna. Después de China han venido muchos otros viajes: Venezuela, Argentina, México… ¿Cómo han influido todos estos viajes en tu persona y por ende en tus creaciones?

En los viajes se aprenden muchas cosas. Me encanta asimilar otras culturas, otras formas de expresión, otras tradiciones… Creo que eso me enriquece como persona y me ayuda también a valorar lo propio. Pero lo que más te enseña viajar es a percibir las cosas que nos igualan con otras personas del resto del mundo. A la hora de expresarlo en mis poemas, siempre he intentado reflejar esas cosas que tenemos en común más que lo que nos diferencia. Te ayuda a empatizar con lo propio y lo ajeno; a encontrar que no hay tantas diferencias como suponemos. Yo no soy turista, soy viajero y busco relaciones humanas más que resorts.

José Manuel Díez, Duende Josele -Maldita Cultura Magazine

Además de por tus libros, mucha gente te conoce por tu actividad musical al frente de El desván del duende y ahora en solitario como Duende Josele. Entre la musical y la editorial, ¿qué industria es más amable con el autor?

Sin duda, el mundo de la poesía es más agradecido. El poeta siempre es más respetado, tiene una palabra más potente y la relación con su público es más natural, con un trato más sincero, algo que a mí me gusta. Además, el público lector es más leal con el autor al que tiene como referente. En la música, aunque se viven momentos maravillosos. Es diferente tanto en la relación con el público como en el trato que recibes por parte de promotores, empresarios, ayuntamientos…

En general, no hay respeto por el músico, cosa que achaco a que es una figura más habitual que la del poeta. Me siento siempre más querido como escritor. Para mí es un lujo poder volver a mi tierra a recitar poesía y que eso sea mi profesión. Todo es perfecto: existe un cariño palpable, ganas de escucharte y, sobre todo, un respeto del promotor que se traduce en un mejor trato. Encontrar eso en la música es más complicado.

Con respecto a las editoriales, siempre he publicado a través de premios literarios así que estoy un poco al margen. Aún así he tenido propuestas con condiciones cuanto menos extrañas que no me han convencido. El único contrato editorial que he firmado ha sido para la segunda edición de Baile de máscaras y estoy muy contento. Hasta hoy, se han vendido las dos ediciones realizadas -en total 3200 copias- y se está preparando la tercera. Con este libro he recibido algunos premios de crítica y público que es algo maravilloso. Pero me quedo con el momento en el que se te acerca un lector para decirte que lleva cuarenta años leyendo poesía y que el libro es de lo mejorcito que ha leído en mucho tiempo. O que alguien te recite algún poema de memoria, que ni yo me sé. Para mí eso es insuperable.

Sobre las industrias audiovisuales, la piratería y el uso de Internet han corrido ríos de tinta y saliva y también darían para otra entrevista. Yo soy un fiel creyente de las licencias libres. ¿Qué opinas tú que tienes los dos puntos de vista, el del autor y el del consumidor?

Como consumidor de música, siempre he sido pirata y como autor siempre quiero que me pirateen. A pesar de esto, respeto al creador que quiere que no lo pirateen, aunque creo que lo tiene difícil. Internet tiene un efecto liberador porque pone a todo el mundo a la misma altura. Hace que la cultura y sus posibilidades para llegar al público no estén controladas por los cuatro de siempre y evita que las compañías utilicen a los creadores a su antojo. Es una base que te iguala y ahora hay que ser inteligente y más o menos bueno para que tu producto llegue a la gente.

Pero depende de ti, cosa imposible antes. Te da la posibilidad de escuchar grupos desconocidos y poder comprar su disco a sabiendas de lo que compras, no a ciegas. O escuchar dos canciones que te gusten de un grupo sin tener que comprarte el disco completo.

Como creador, pienso que la vida del músico, en todos los sentidos, está en los conciertos, no en la venta de discos. Internet te da la herramienta para llegar a la gente sin intermediarios ni discográficas. Los discos de El desván del duende se han colgado para su escucha libre, pero no para descarga. Mi nuevo disco se va a lanzar con una licencia doble: por un lado, licencia copyleft para su descarga libre y, por otro, registro en la SGAE para su venta en todos los establecimientos. Ya van existiendo alternativas tanto de copyleft -Creative Commons-, como de licencias dobles de este tipo -Jamendo-.

Con respecto a la literatura, soy de libro de papel. Y si dentro de treinta años repetimos la entrevista, te diré que sigo siendo el mismo pesado del libro de papel. Hay que apreciar el valor del libro también como objeto y además no creo que el ebook sirva para leer poesía. No estoy en contra del ebook, pero siempre que el papel se mantenga.

Con respecto a este tema, no puedo estar más de acuerdo contigo. Me encanta poder abrir de nuevo un libro y releer algún pasaje señalado. No cambiaría mi colección de Anagramas por una lista de ítems en un ebook. Hablando de Anagrama y de releer, Roberto Bolaño, un gran novelista que nunca releía sus libros, siempre se denominó a sí mismo como poeta. ¿T has planteado escribir novela?

Me lo he planteado, sí. Y he escrito recientemente un artículo titulado Poetas vs novelistas -inspirado no por Roberto Bolaño, sino por uno de sus maestros, José Hierro-, sobre poetas que son novelistas frustrados y viceversa. A pesar de ello, han existido algunos autores que han conseguido aunar con maestría prosa y poesía, como Unamuno o Borges. Aún así, voy a tardar mucho tiempo en escribir novela. Ahora mismo estoy terminando mi primer libro de cuentos, que es lo más parecido a una novela que he escrito y el tiempo después dirá. Me encantaría escribir novela en un futuro, pero me siento poeta. No me siento músico, ni articulista, ni cuentista y mucho menos novelista. Soy un poeta que escribe canciones, que escribe cuentos o artículos de opinión por la propia libertad de expresión que siento. El origen y el fin en mí siempre será la poesía.

Siempre he pensado que la poesía es ritmo. ¿Poesía y música son lo mismo?

No  son exactamente lo mismo pero se tocan mucho. La poesía necesita musicalidad y a su vez la música necesita métrica y ritmo. La música debe llevar implícito un mensaje poético que te eleve a una verdad, a una belleza, a una emoción. Y no hace falta que tenga letra, puede ser instrumental y llevar ese mensaje. Por supuesto, me refiero a música de verdad, no a la música como objeto comercial. Respeto que haya música para un sábado noche, como hay películas para pasar un rato y echar unas risas; pero eso no es arte, es otra cosa. No es La naranja mecánica sino Ocho apellidos vascos.

La verdadera música, la que tiene como intención quedar en el tiempo, tiene que tener un mensaje muy concreto. No sé cuál es, si lo supiera sería la panacea; aunque sí creo que alguna canción mía ha llegado a tocar esa fibra, ha mantenido esa pureza. Y en la poesía es igual, hay que tener muy claro lo que quieres decir. De hecho, hay poetas que solo buscan impresionar al público con fuegos artificiales de palabras manidas y gastadas, pero sin lanzar un mensaje. Estoy totalmente en contra de eso.

Para mí, siempre serás Jose, pero ¿es Duende Josele la misma persona que José Manuel Díez?

No, aunque son complementarios. Duende Josele es José Manuel Díez elevado a otra potencia. Para que José Manuel Díez viva, Duende Josele tiene que respirar. Y para que éste respire, José Manuel Díez tiene que vivir. Siempre soy yo, un tío claro y normal en todos los aspectos de mi vida. A pesar de esto, Duende Josele tiene unos preceptos de personaje basados siempre en mi persona, mis ideales y mi forma de ser. Es una figura que complementa mi forma de expresión.

Cuatro libros editados, tres discos en la calle y otro más en camino. Innumerables conciertos con El desván del duende, varios premios de poesía, muchos viajes por todo el mundo… Colaboraciones múltiples, acciones sociales como la ONG Movimiento Páramo… Cuesta enumerar todos los proyectos en los que te has sumergido a lo largo de tu vida. ¿Tu día tiene 48 horas o es que en realidad sobrepasas holgadamente los 50 y tienes falsificado el DNI?

Es curioso porque empecé muy tarde a experimentarlo todo. Fui el último de mis amigos en ligarse a una tía, en probar el alcohol… El último en todo. Estuve en un colegio interno y me perdí un montón de cosas. Luego dejé de estudiar para trabajar y hasta los veintiún años no entré en la universidad. Entonces quise alcanzar a los demás y esprinté. Duermo poco y mi forma de entender la vida es así. No separo la realidad del trabajo, siempre estoy inventando, sacando cosas… La vida es eso. Yo no tengo un trabajo en el que ir ocho horas y después desconectar. Si tengo un proyecto en la cabeza, estoy al cien por cien con él hasta que lo cierro.

En mi último libro, por ejemplo, he estado trabajando ocho años. Le he cambiado la forma, lo he dividido de diferentes maneras, le he cambiado el título… Parecía algo interminable, pero al final los proyectos terminan de la forma más inesperada.

De todos esos proyectos, ¿cuál es la creación de la que estás más orgulloso?

No me quedaría con ningún libro o disco completo, sino con canciones y poemas sueltos. De mis canciones, me sigue emocionando Mineápolis cada vez que la escucho. Aparece en el primer disco de El desván del duende, Eres buena gente (2007), y escucharla me recuerda esos días maravillosos que pasé con Lichis, de La cabra mecánica, maestro y amigo que colaboró en el tema. Del segundo disco, Increíble, pero cierto (2009), destaco Vivo del aire. Es la canción que más me define como persona, en la que más he hablado de mí y lo que hay en esa canción soy yo al cien por cien. Además de esas dos canciones, destacaría el disco que estoy preparando actualmente por ser el primero que voy a realizar como solista. Es muy personal: solo mi cabeza, la guitarra, el papel en blanco y yo.

Con respecto a la poesía, el libro que más me ha hecho sentir que tengo una voz propia es Baile de máscaras y, en concreto, algunos poemas del mismo, como el de Wislava Szymborska. Este es uno de mis poemas más especiales porque fue la primera vez que compuse un poema desde conceptos incompletos. Es decir, no quise poner lo real al servicio de las imágenes, sino crear imágenes a partir de elementos irreales de mi cabeza. Es uno de esos experimentos que salen bien, en los que eres capaz de decir lo que quieres decir y cómo quieres decirlo.


Los poetas Adam Zagajewski y Wislawa Szimborska elaboran un catálogo de inservibles para el siglo XXI (Instituto polaco de cultura. Madrid, 2005)

Habrá libros en blanco, ciudades sumergidas,

perfumes que no alcancen ser paisaje.

Lienzos acuchillados, flor de alambre, ala sola

y relojes de arena sin arena.

(Pero esto no es nada.)

También habrá verdades temerosas,

dentaduras de nadie sonriendo en un vaso,

el brillo de la luna tras el humo.                            

Zapatillas impares, previsiones erradas,

cerraduras cruciales cuyas llaves no existen.

(Pero esto no es todo.)

Habrá justos poemas

que nunca los leerán quienes debieran.

Olvido donde el hombre precise de memoria.

Baile de máscaras, Hiperión, 2013.


Todo el mundo habla ahora de elecciones y nosotros no vamos a ser menos, aunque las nuestras seguro que son más interesantes. ¿Neruda o Nicanor Parra?

La pasión de Neruda por encima de Parra y por encima de cualquier poeta al que yo haya leído. Y la incredulidad de Nicanor Parra por encima de Neruda y de cualquier poeta que yo conozca.

¿Y entre Manuel y Antonio Machado, con quién te quedas?

Manuel, sin duda. Hay un Antonio Machado fundamental, el de Juan de Mairena, que tiene que existir como poeta de conciencia. Pero me quedo con Manuel Machado por su profundidad; porque me tocó la fibra en la edad en la que empecé a leerle; por Adelfos, un poema suyo que musiqué; o quizás porque me llamo José Manuel… No lo sé, pero me quedo con él.

¿Sabina o Serrat?

Prefiero las melodías y los conciertos de Sabina, sobre todo en su vena más rockera y menos cantautora, y con las letras de Serrat. Aunque las melodías de Sabina se ajustan a la perfección al ritmo poético, hay una altura en las letras musicales de Serrat de canciones como Mediterráneo o Tu nombre me sabe a hierba muy difícil de igualar. Uno es de diez y el otro de nueve y medio, solo es cuestión de preferencia. Pero el mejor no es ninguno de los dos, es Silvio Rodríguez porque unifica mejor el mensaje poético y la musicalidad.

 ¿Picasso o Dalí?

Soy totalmente surrealista y me encanta Dalí, aunque si tengo que decantarme por algún pintor prefiero a Chagall o Magritte. Picasso tiene cumbres necesarias, como el Guernica, pero como persona no me gusta nada. He leído de él que era déspota, misógino… y ese no es el tipo de artista que yo aprecio. Dalí, en cambio, fue libre en muchos aspectos, supo venderse muy bien y tuvo una fidelidad en su amor durante toda su vida. Su libro Diario de un genio me parece de una altura literaria impresionante. Me decido por Dalí.

¿Beatles o Stones?

Soy más de Queen, de The Doors o de Led Zeppelin. Pero si tengo que elegir, me gustan más las melodías de los Rolling Stones y las letras de los Beatles. ¡Venga, me mojo! Soy muy de The Beatles y muy de John Lennon. Pensaba que con respecto al mundo de la música me ibas a plantear otra dicotomía clásica: ¿Extremoduro o Platero y tú? Y aunque ya no viene mucho al caso, después de separaciones y reuniones, siempre fui más de Platero.

Una estación del año.

Cada una tiene su belleza, pero me considero a mí mismo como otoño. Es templado y va con mi carácter.

Un libro que leerías siempre.

Hay un libro difícil de superar, lo he leído unas quince veces y lo sigo leyendo: Ficciones de Borges, para mí la cumbre. También está Historia universal de la infamia, pero prefiero Ficciones.

Un disco para escuchar toda la vida.

No puedo decirte uno. Tengo varios discos fetiche que no me canso de oír pero me es imposible elegir uno de ellos: Innuendo de Queen, Arena en los bolsillos de Manolo García, El espíritu del vino de Héroes del silencio, La parte chunga de Tabletom, y la lista podría seguir y seguir. La música es variedad y por eso es tan difícil decantarse.

Una película inolvidable.

La película que hizo que me enamorara del cine es Cinema Paradiso, sin duda. En esa línea, hay otra que me encanta que es Mediterráneo. De estilo más surrealista, me gusta Big Fish; de las más clásicas, El emperador del norte; y de cine español, Belle Époque. Destaco éstas pero soy bastante cinéfilo y me gustan muchas otras.

Una ciudad para perderse.

Siempre he sido fan de Santiago de Compostela, pero la última vez que la visité no me reconocí allí. No era mi Santiago, no me dio la misma sensación de siempre. Otras ciudades que me apasionan son Rosario (Argentina), una ciudad muy musical; Granada, algunos barrios de Madrid… Pensándolo bien, me decanto por Lisboa, una ciudad que me ha dado muy buenos momentos.

¿Qué bebe un poeta?

Me gustan los refrescos de limón aunque tengo mis momentos. Si es por la tarde, una crema o licor de limón. No soy de bebidas raras.

Un personaje.

Me interesan los personajes con trasfondo literario, con experiencias extremas. Últimamente me fascinan las historias de dos tipos, ambas relacionadas de alguna manera con la II Guerra Mundial.

Por un lado, Franz Won Werra, un piloto de aviación nazi capturado por los ingleses hasta en cuatro ocasiones, que se escapó otras tantas y contó su historia cuando ya era un anciano. Algún día me gustaría escribir sobre él. Es un personaje muy literario, muy obstinado y con una historia muy interesante. Por otro, Victor Frankl, psiquiatra y filósofo austríaco que sobrevivió a Auschwitz y Dachau, pero perdió a sus padres y a su mujer embarazada en los campos. Tras su liberación, escribió El hombre en busca de sentido, libro autobiográfico en el que narra su experiencia desde el punto de vista del psiquiatra. Me gustan ese tipo de personajes históricos, pero también aquellos que vivieron su vida como quisieron: Groucho Marx, Modigliani…

En la ficción lo tengo mucho más fácil. Siempre he sido de Homer Simpson. Aun así no soy muy de ficción.

Una palabra.

Ahora mismo, si tengo que elegir una me quedo con semilla, la que dará título a mi primer álbum como Duende Josele: La semilla, que saldrá en octubre de este año.

La semilla, suena a esperanza. En un clima de calma tensa como el que vivimos en la actualidad, ¿la poesía sigue siendo un arma cargada de futuro?

La poesía era antes un arma cargada de futuro y ahora debe ser un alma cargada de futuro. Pero desgraciadamente no todas las poesías lo son. Considero que un verdadero poeta es alguien que tiene algo que aportar a su presente, y en ese plano actualmente me faltan poetas. La poesía siempre debe marcar un camino ético, que no moral, con una raíz humana. Debe favorecer a la inmensa minoría de débiles que no tienen voz. En los poetas, el alma cargada de futuro o el arma cargada de presente siempre va a existir en la palabra. La cultura es la que crea al poeta y éste como creador, está obligado a devolverla a la sociedad para transformarla a mejor.

No creo en el radicalismo y mi conciencia siempre es de unificación. Hay que dialogar, expresarnos y respetar lo que diga el otro, aunque no nos guste. Dicho esto, España está dividida ideológicamente y a veces hay que ser valiente para ser uno mismo y expresar tu mensaje en cualquier lugar. Pero no hay que coger el camino fácil y siempre plantear otras formas de pensar distintas al que te escucha. Eso es poesía, y no lo que muchos quieren catalogar y encorsetar como poesía.

Duende Josele, José Manuel Díez - Maldita Cultura Magazine

Dejo a Jose con su familia, que lo espera al otro lado de la barra. Me alegro de que haya sido él mi primer entrevistado y en mi mente aún discurren algunas de sus palabras mientras vuelvo a casa. Mastico y digiero todo lo mucho y bueno que he escuchado, y se me ocurren muchas más preguntas, pero ya es tarde. Me alivia saber que con Jose siempre tendré otra oportunidad, y que aunque pase el tiempo, su sonrisa seguirá siendo la misma.