Juanma Fugu: «El funk aquí es minoritario porque es más fácil digerir mierda»

Por María Pachón

Durante los ocho años que han pasado sin que Juan María Mora y yo nos hayamos visto, el que entonces era mi compañero de clase ha continuado la evolución que inició en 2004 y se ha transformado ya del todo en Juanma Fügu.

No es para menos: La invasión de Mr. Brown (maqueta debut de 2005), Fügu Fiesta Funk (seis temas que se añaden al repertorio a partir de 2008), cientos de conciertos en salas de toda España (Palo Palo, Jimmy Jazz, El Tren, La Gran Bolera), así como en decenas de festivales (Alamedeando, Extremúsika, Zarautz, Alrumbo Festival), unos cuantos concursos ganados (Pirita Rock, Cantera Music, Chaff Media) y un disco de 14 canciones llamado UNO a pesar de no ser ni mucho menos lo primero, han contribuido a la transformación. Todo esto además de un tatuaje del pez globo que es el logo de su banda y de un pulpo gigante que ocupa buena parte de su brazo izquierdo.

Después de UNO no viene el dos, sino El País de los Cangrejos, y con este álbum en gestación aunque a punto de ver la luz algo queda en evidencia: Juanma Fügu es persistente y preciso, como un animal de mar, como un músico funk.

Juanma Fügu - Maldita Cultura Magazine

Juan María Mora. Fotografías: Bernardo Cruz.

En 2004, cuando Fügu nació, te pregunté el porqué de ese nombre….

Porque es tóxico, alucinógeno… Porque engancha.

Once años después no puedo preguntarte el porqué del nombre del nuevo disco, no hay nada que leer entre líneas.

El País de los Cangrejos, hemos retrocedido más allá de Cánovas del Castillo y Sagasta.

¿Cómo es El País de los Cangrejos?

Es muy crudo, y más espontáneo que UNO. Es un disco que huye de los arreglos musicales y de la política, pero que protesta por los desahucios, que reivindica el derecho de la mujer a abortar. Además es también una utopía, es una sociedad que convive en ciudades llenas de armonía y buena música.

¿Es funky?

Por supuesto. Siempre parto del funk, aunque el destino de El País de los Cangrejos sea el rock. La fusión está de moda.

Juanma Fügu contesta a mis preguntas mientras yo trato de retratarlo junto a su bajo. El día que nos conocimos, fue él quien fotografió con su mirada la pegatina de mi carpeta. ¿Te gusta Sepultura?, me dijo sin mucho entusiasmo. Soy más de Rage Against The Machine, le contesté. Y pude observar cómo el entusiasmo invadía su rostro.

¿Cómo y cuándo decidiste que tu instrumento sería el bajo?

El cómo es como casi todo en la vida: de rebote. Soy un baterista frustrado. Como la mayoría de los niños que se interesan por la música, a los diez años yo lo que quería era tocar la batería; pero mi madre y mi padre, como la mayoría de los padres de niños de diez años, consideraron que una batería sería «mucho ruido». Con esa edad yo tenía ya claro que quería ser músico, y lo mejor es que mi madre también quería que yo fuera músico; eso sí, una cosa es que tu madre quiera que seas músico y otra que quiera arruinarse la siesta…

Entre que yo quería una batería y que mis padres no querían ruido, un primo se compró un bajo que creo recordar que nunca toqué. Yo no había visto un bajo hasta entonces, pero además tampoco en mi vida de apenas diez años había sido consciente de escucharlo. Y este mismo primo se compró también un discman, ya ves tú… Con ese aparato escuché por primera vez el Blood Sugar Sex Magik de Red Hot Chili Peppers y el disco homónimo de Rage Against The Machine, y mientras escuchaba aquello y miraba hacia el bajo de mi primo, eché al olvido la batería. El día que cumplí doce años y gracias a que la LOGSE me hizo parecer un estudiante destacado con apenas aprender a leer malamente y a sumar con los dedos, mis padres me regalaron mi primer bajo, un Maison.

Es una buena historia.

Es mejor la que vino después, cuando sin tener ni idea de cómo se tocaba montamos un grupo al que llamamos ¡Ké Dios! y un tema que se llamó Sin patria. Recuerdo que nos ayudó a crear el tema Dani, el vocalista de Gérmenes. Llegó allí, él tendría dieciocho y nosotros trece, y preguntó, ¿oye tenéis algún ritmito? Sí, esto. ¿Y alguna letra? Sí, yo tengo esta letra en mi cuaderno… Y cogió de aquí y de allí y de repente tuvimos ¡un hit! Ese todavía lo cantamos cuando nos reunimos: Vivimos en un mundo dividido

¿Cuánto duró?

No lo sé… Yo duré un concierto.

¿Entonces te debes al funky a causa de RATM y Red Hot?

Bueno, más o menos, porque ellos no fueron la causa decisiva. Hubo muchas otras cosas que influyeron igualmente, como que mi padre pusiera una parabólica donde pude ver la MTV2 y la Viva, y conocer a Die Toten Hosen, y a Snot con su único disco Get Some, que es furia pura… Luego el tipo se murió y la furia se le terminó. Esto también tuvo que ver, así como que en mi casa mis padres escucharan, además de flamenco, a Prince, a Joe Cocker, a Paul Simon, a Tina Turner, a Rolling Stones

Pero todo esto tuvo que ver bastante menos que Les Claypool y mis esfuerzos por impresionar a un amigo que era batería y seis o siete años mayor que yo. Un día me dijo, ¡oye, prepárate este tema de Primus! Fui a Sevilla Rock, me gasté los ahorros en el Pork Soda, y me pasé un buen rato escuchando aquello y preguntándome, ¡¿pero esto qué es?! Hasta que comprendí que aquello era música concebida a partir de un bajo. Después llegó hasta mí Larry Graham, y confirmé definitivamente que no toda la música parte de la melodía de una guitarra, y que esa otra música era la que yo quería crear.

Y de ahí nace Fügu.
Sí, y de mi afán de protagonismo…

Y de tu virtud tocando el bajo.
Nah… Es solo que tengo muy poca vergüenza…

Doy fe, pero también de que eres un gran músico.
Nah, nah, nah (risas)… Bueno, sí. Muchas gracias.

Juan María Mora conversa con maría Pachón en los salones del Hotel Cervantes de Zafra.

Juanma Fugu

Juanma y yo nos hemos reencontrado gracias a su empeño. Ha venido a mi pueblo para trabajar con una orquesta en la boda de un guardia civil. Ayer, antes de que se marchara para tocar Paquito Chocolatero, me contaba que su colega ‘El Pedrote’ siempre dice que la música y el fútbol se pueden comparar. Después de discutir un rato, acordamos que Fügu está en Segunda B y es el Cádiz C.F. 

¿Es peor tocar para la boda de un guardia civil o ser el bajista de Albertucho?

¡Qué viva la Guardia Civil!

¿Qué te ha dado el mundo de las orquestas?

Algo buenísimo, la interacción con el público. El rollo de ‘yo soy artista, vengo a tocar mis temas y si no te gustan me da igual, los toco y después me voy’ se termina de golpe cuando curras en una orquesta. El feedback con la gente es ahora esencial en Fügu.

Si no me equivoco, has conseguido vivir solo de la música.

También he hecho algunas cosas relacionadas con el ámbito audiovisual, estudié Realización, pero estos trabajos siempre han estado vinculados a la música: videoclips para mi grupo, un video para un colega con el que toco… Así que, sí. Puedo decir que he conseguido vivir de la música.

Pero de la música, ¿se vive o se malvive?

Lo canta Fügu, malviviendo dignamente en este chozo… De la música no se vive, se malvive. Pero lo peor no es que el músico no encuentre recompensa económica a su trabajo de horas y horas. Quizás me vaya por las ramas o quizás no; a Juan Moneo ‘El Torta’, un cantaor flamenco que probablemente más de una vez tuvo que actuar en casas señoriales para poder comer, le preguntaron una vez durante una entrevista: «¿Cómo ha influido el señorito andaluz en la perpetuación del flamenco?» Al hombre se le descompuso la cara…

Los únicos que influyen en la perpetuación del flamenco son aquellos que se dedican al flamenco. Y sucede igual con todos los ámbitos de la cultura. Pero en España la cultura está menospreciada en todos los sentidos, y los músicos, los pintores, los escritores no suelen encontrar el respeto que merece su trabajo. Eso es lo más difícil de vivir de la música.

Las sevillanas son el ‘macarreo’ del sur. Todo lo que rodea a una guitarra española trae jaleo.

¿Sucede así en España y afuera, o afuera es distinto?
He tocado en Alemania, y allí cuando te dicen que vas a tocar a las cinco, tocas a las cinco. Y ya se sabe que en Latinoamérica la música se concibe de otro modo, es un patrimonio de mucho valor, y la gente agradece que vayas a tocar a su ciudad, que acerques tu música a su cultura. La música española se valora en Latinoamérica, pero aquí la música latina se menosprecia, «música panchita», se le llama.

¿Quizás no malvivirías si te dedicases a las sevillanas?

Supongo que sí malviviría.

¿Pero tendrías más ‘groupies’?

Seguramente. Las sevillanas son el ‘macarreo’ del sur. Todo lo que rodea a una guitarra española trae jaleo.

Otra de las canciones de Fügu dice que el funky está en peligro de extinción.

Para no contradecirme tendría que decirte que sí, que lo está. Pero lo cierto es que no lo creo. En los EE.UU el funky no puede extinguirse, porque allí es la música popular. Y aquí el funk es tan minoritario que no interesa desvirtuarlo para convertirlo en un producto comercial. Fíjate en el reggaeton, al fin y al cabo no es más que un ritmo, pero ya no se entiende como tal a menos que sus letras hablen de «las cachas de mi morena». Ahí está el peligro, en la apropiación de la música por parte de los intereses empresariales de las productoras. Y aquí, en España, a muy poca gente le interesa, por ejemplo, la genialidad de Nik West, una mujer que toca el bajo de la hostia, que tiene un vozarrón y que es puro nervio en el escenario… Los escenarios de España están llenos de otras especies.

¿Por qué el funk es aquí minoritario?

Porque es más fácil digerir mierda. Es más fácil asimilar tres notas repetitivas en la canción del verano que un buen tema, es más fácil ver una tv-movie basada en hechos reales que una película independiente, es más difícil leer un clásico que tragarse un best seller. En esto tiene mucho que ver la educación, ya lo dice Julio Anguita: “El peligro de pensar”. Aquí en España ha imperado un sistema educativo que se encarga de generar borregos y dinamitar la cultura.

No te dejan ver, pero demos gracias a Internet, nuestro aliado…

Se nota que has estudiado… Sí, hay que darle las gracias. Con Internet se acabaron las barreras. ¿Te gusta el funk? Ahí lo tienes todo. A Internet le debemos que nuestros discos lleguen a los oídos de gente de todas partes, y esa gente es la que después viene a nuestros conciertos. Teniendo en cuenta que vivimos de los directos, a Internet le debemos parte del pan nuestro de cada día.

Sin embargo, con Internet aquellos que no nos dejan ver pueden también observarnos de cerca y detenernos como a César Strawberry.

Estaba cantado que sucedería. Es más, estaba cantado por él. Carroña para dar de comer a la gente que solo se alimenta de televisión.

¿Y qué te parece la relación entre la televisión española y la música?
La televisión española es casposa porque quiere vender el mismo producto a todos los públicos durante 24 horas… No sé si esa estrategia es más rentable, pero desde luego sé que es estúpida. Los intereses de la gente tienen que ver con su edad, con su posición económica, con su nivel cultural… Aquí eso no se tiene en cuenta, y se fabrican productos a lo Farmacia de Guardia, apto para todos sin exclusiones.

Supuestamente, en septiembre podré verme en TVE1 bailando y gozándolo con Larry Graham, que estuvo hace unos meses en el Festival de Jazz de San Javier. Si finalmente ese concierto se emite, habrá que subirle la nota a la televisión pública por hacer difusión de un evento cultural; será algo positivo a la vez que triste. Por cierto, una vez soñé que conocía a Larry Graham en Nueva York; mi sueño se ha cumplido pero en Murcia.

¿Te ofende no ver un concierto de Fügu en televisión, un videoclip al menos?

No. Por cómo es la televisión española de hecho me alegra. Una vez hubo un tipo, un vende humos, que quiso meternos la tontería. Decía que nos iba a llevar a Telecinco… Imagina, cambias tus principios y a tu público por conciertos en el plató de María Teresa, un buen negocio…

A ver, tampoco te voy a engañar, una vez vi a Fügu en 8Andalucía y me gustó, y si el chaval que edita un video para el programa de María Teresa –que conste que no tengo nada en contra de María Teresa- decide ambientarlo con un tema de Fügu, me gustará también… A nadie le amarga un dulce, a menos que el dulce envenene tus principios, como cuando nos pidieron ir a hacer un playback a no sé qué plató. Por ahí sí que no paso, me viene de familia, me lo enseñó el abuelo, y lo llevo a raja tabla: los principios siempre van por delante, y yo no estoy aquí para ir a la tele a colgarme el bajo y bailar.

¿Por tus principios no firmaste aquel contrato que os supondría un disco?

Un disco y la esclavitud. Cuando ganamos aquel certamen en Valencia el resto de mi grupo estaba emocionado. Yo no. Aquello era un «dame tu música, dame tu tiempo, dame tu trabajo, que yo a cambio te daré un disco». Al día siguiente les dije, vámonos para Sevilla sin firmar y con los principios por delante. Entendí que el disco lo grabaríamos nosotros porque no nos iba a llegar un contrato serio, y mira, no nos ha ido nada mal, mucho mejor de cómo nos hubiera ido si ese día hubiéramos firmado aquello.

UNO se materializó en 2010. Fue grabado y coproducido por Jacobo Fernández (O’funkillo, Kiko Veneno) y masterizado por Jesús Arispont (Soziedad Alkoholika, Narco, Def Con Dos, Trashtucada). Aquel mismo año, pasadas las cuatro de la madrugada, unas 10.000 personas bailaron el funk de Fügu en el cierre de Alrumbo Festival.

Con festivales como Alrumbo, Fügu encuentra su sitio. Es la moda, cada vez son menos los festivales que reúnen a grupos de géneros musicales idénticos. Se lleva que estemos ahí mezclados, un poco de rock, otro de flamenquito, algo de soul, otro poco de funk… Eso está bien. De cualquier modo, y aunque es increíble ver a tanta gente bailando tu música, me gusta más dar conciertos en salas, soy más de antro, de ‘macarreo underground’, de pedirle la copa al camarero que de tener un camerino.

Juanma Fugu

Juanma Fugu es un reconocido bajista de la escena underground sevillana.

Si pudieras elegir tocar con cualquier músico, ¿quién sería?

Uf, no lo sé… La putada del bajista es que es un músico bastante solitario. Guitarristas muchas veces hay dos, un baterista se coordina con un percusionista, el cantante se apoya en los coros, sin embargo el bajista está siempre ahí solo. Muy pocos grupos tienen dos bajos; ahora mismo, aunque haya más, solo se me vienen a la cabeza algunas cosillas que sacó Molotov. Pero a ver, ¡a quién no le hubiera encantado tocar con Paco de Lucía!

¿Y en qué festival?

Tampoco sé qué decirte. No tengo aspiraciones basadas en lugares concretos, sino más bien en hechos. Cuando ves, por ejemplo, el concierto de Jamiroquai en Verona no te queda otra que decir ¡joder, qué pasada! Pero más que porque se esté dando en un teatro romano, lo dices porque está petado de gente. Yo siempre voy rayado a los conciertos, que si cuántas entradas se han vendido, que no me lo digas, que si no va a venir nadie… Cuando uno anda así y de repente se le llena una sala, como nos pasó en Salamanca después de haber estado un tiempo sin tocar, y se llena de gente que te responde ¡Buah! Te olvidas del lugar en el que estás tocando.

¿A qué te dedicarías si no fueses músico?

Ahora estoy ahí en ese punto de dedicarme a otra cosa. Hace dos años falleció un amigo con el que tenía muchos proyectos entre manos en torno a la escritura de guiones. Poco después de que él muriera salió un certamen, y aunque yo no había escrito nunca ficción, sentí que, por la memoria de mi compadre, debía hacerlo. Me senté frente al ordenador, me puse a escribir lo que me iba saliendo y el relato resultó ser uno de los ganadores. Estoy motivado, incluso hago trabajos de campo para coger ideas, como jugar al rol.

¿Qué libro ocupa ahora mismo tu mesilla de noche?

No solo la mesilla de noche, tengo varios libros entre manos. Por un lado, unos cuantos acerca de cómo escribir guiones. También estoy leyendo cómic, por aquello de los diálogos, poesía de Neruda y El invitado de Drácula y otras historias de terror, de Bram Stoker. Pero si lo que quieres es una recomendación, te diré Travesuras de la niña mala, una novela de Vargas Llosa. Soy bastante flojo, empiezo muchas lecturas que luego no acabo, y ese libro fue mágico, me lo bebí sin apenas darme cuenta.

¿Y qué disco llevas en el coche?

Antipop, de Primus.

¿Para cuándo un concierto de Fügu?

Hay que ver las preguntitas que me estás haciendo…

Soy de las que, cuando termina el disco, espera siempre eternamente a que suene un hidden track… Para los adictos a Fügu y a los galimatías que han llegado hasta aquí, ¿qué tienes escondido?

Lento es el progreso de la tierra que confunde la tradición con mierda.

Un buen regalo para los lectores y un buen inicio para El País de los Cangrejos

Mejor aún cuando lo escuchéis a ritmo de funk.

Por María Pachón

El Angel Dust me alucina y la Idea pasa todo el rato por mi cabeza: yo tampoco moriré en la paz de ningún señor.
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