“Prefiero la locura de las pasiones a la sabiduría de la indiferencia”. Xavier Dolan

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Juste la fin du monde (Solo el fin del mundo, 2016) es la octava película de Xavier Dolan. Un dato irrelevante a menos que se tenga en cuenta la edad de su director: 27 años. Sin embargo, a Dolan no le gusta que le llamen “niño prodigio”; tampoco a nosotros. Se trata de un joven inteligente que trabaja para la industria cinematográfica desde que tenía cuatro años. Ha crecido junto a ella a través de la revolución digital, sabiendo aprovechar cada una de sus nuevas herramientas tecnológicas. Y se ha convertido, de este modo, en creador y propulsor del nuevo lenguaje audiovisual que la industria comienza a manejar.


Primero fue actor de anuncios; luego actor y doblador de largometrajes. A los 16 escribió el guion del film con el que debutó tres años después en el Festival de Cannes: J’ai tué ma mère (He matado a mi madre, 2009). Además de guionista, Dolan fue productor, director y protagonista de su opera prima, una cinta en buena parte autobiográfica. Y fue testigo de la ovación que los asistentes en pie le dedicaron durante diez minutos; así como de los tres premios que el certamen otorgó a su obra: Arte y Ensayo, Escenografía y Premio a la Joven Promesa.

Desde entonces, Xavier Dolan ha realizado una película al año, y no ha dejado de estar en el punto de mira de críticos y periodistas:

El genio impertinente”;

El autor más precoz, irrefrenable, iconoclasta, excesivo y extraño del cine reciente”;

Un Charles L’Enfant moderno: un niño guapo, idealista y muy testarudo empeñado en dibujar los extraños caminos del cine moderno”;

Una especie de Terrence Malick postmoderno, cuyos arranques estilísticos han sido tachados de pretenciosos y vacíos, pero también de geniales y novedosos”;

Entre aplausos y reproches, no obstante, cada una de sus películas ha sido galardonada en festivales de todo el mundo. Sobre todo en el de Cannes, donde Dolan tiene una presencia constante desde su irrupción como director. El hecho mosquea a algunos, que advierten que el autor se ha transformado en un souvenir para el evento. Sea como fuere, Mommy y Juste la fin du monde forman ya parte de la historia del cine, ambas reconocidas por el certamen francés con el Gran Premio del Jurado (el segundo galardón más importante tras la Palma de Oro).

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Desde el punto de vista temático, Mommy (2014) supone la continuación lógica de J’ai tué ma mère:

La intensidad y emotividad del cine del director canadiense vuelve a tocar las complejas relaciones entre un adolescente y su madre, consiguiendo un relato cargado de emociones y momentos de gran impacto dramático”.

De hecho, el mismo Xavier Dolan ha reconocido que “J’ai tué ma mère supuso un castigo hacia una madre que, cinco años después, regresa para vengarse a través de Mommy”. Pero la cinta llamó también la atención por el formato 1:1 que Dolan aplicó para rodarla, emulando así una grabación vertical al proyectarse en la gran pantalla.

Por una razón u otra, Mommy ha sido su película más reverenciada. Tanto es así, que el jurado de Cannes decidió que Jean Luc-Godard y Xavier Dolan compartieran ex aequo el Gran Premio del Jurado. A la leyenda franco-suizo más influyente de la nouvelle vague (59 años mayor que Dolan) la resolución no le gustó en absoluto. Sin embargo, la mayor parte de la crítica se mostró satisfecha porque:

Xavier Dolan deslumbró con Mommy como nadie ni nada lo había hecho hasta ahora en Cannes”.

Solo dos años después, el festival ha vuelto a entregar (esta vez sin comparticiones) el mismo premio a Juste la fin du monde. Esta vez, sin embargo, la decisión no ha gustado a la prensa, que además asegura que la película no está gustando a los cinéfilos…

La película gana esa batalla de echarte fuera (…) unas interpretaciones irritantes (…) no es fácil mantener con la película el menor contacto emocional. Dicho de otro modo: te importa un bledo”;

Doy gracias de que el metraje no sea excesivo, salgo agotado, con la sensación de de que llevo toda una vida acompañado de una familia tan histérica. Me da igual su pasado, su presente y su futuro”;

Una decepción, incluso para los fans de Dolan. Esta película unirá a las facciones pro y contra Dolan en un acuerdo común: la película no es buena.

El hijo predilecto de Dolan (“est mon meilleur film”) está recibiendo palos por todos lados. Pero, ¿qué tiene Juste la fin du monde para levantar tantas asperezas?

xavier-dolan-juste-la-fin-du-monde-afficheLa película es una adaptación homónima de una de las obras de teatro del dramaturgo francés Jean-Luc Lagarce, maldito donde los haya… El SIDA y sus consecuencias ya habían sido temas recurrentes en sus títulos, pero en 1988 Lagarce descubre que el virus está además presente en su cuerpo. Escribe entonces Juste la fin du monde (1990), una pieza autobiográfica en la que Louis, un joven escritor homosexual, regresa a casa para anunciar su muerte por VIH a su familia, con la que no ha tenido ninguna relación en los últimos diez años. Al reencontrarse, Louis revive las circunstancias por las que se marchó: violencia, discriminación, incomprensión, incomunicación, admiración, indiferencia… Y vuelve a considerar que huir será vivir incluso ahora, mientras se está muriendo.

En la película, Xavier Dolan mantiene intacta la parábola del hijo pródigo y el mito de Caín y Abel planteado por Lagarce. Y tal y como sucede en la obra que la inspiró, la seducción de las palabras reside en los titubeos y en los silencios, en el modo en el que los actores convierten los diálogos en monólogos y crean una atmósfera en la que las miradas, las posturas, los gestos, las expresiones del rostro y las sensaciones táctiles nos hablan más que las palabras.

Por supuesto, este lenguaje silencioso es obra también de la inmejorable interpretación de un elenco francés elegido con atino: Gaspard Ulliel, Marion Cotillard, Vincent Cassel, Nathalie Baye y Léa Seydoux. Todos han declarado que trabajar con Xavier Dolan ha sido una experiencia amable y novedosa, porque además de dirigir, el cineasta se encarga del vestuario, de la escenificación, de la iluminación, etc.:

“El cine no es un arte como otros, sino más bien la suma de muchos. Es pintura, arquitectura, fotografía, música… Ser director de cine es hacer una película y para hacer una película hace falta trabajar en los diferentes departamentos que combinados conforman un filme”.

Desde luego, su modo de hacer cine advierte que Dolan forma parte de la emergente Generación Knowmad (nómadas del conocimiento): Artesanos del siglo XXI que pueden trabajar en cualquier actividad creativa e innovadora, con cualquier persona, en cualquier momento y lugar. Acogiéndose a los nuevos paradigmas impuestos por la socialización de las tecnologías, Xavier Dolan está reinventando la profesión de cineasta. Y esto, en contraposición a la lógica, molesta a los decanos del ámbito, que solo ven en él a un “pipiolo arrogante”. De hecho, ese fue el calificativo que muchos atribuyeron a las palabras que Dolan pronunció al recibir el Gran Premio por Mommy:

“Todavía soy joven pero tengo algo que decir a mi generación. A algunas personas no les gusta lo que haces, a algunos les molesta quién eres. Pero tenemos que aferrarnos a nuestros sueños, porque juntos podemos cambiar el mundo y cambiar el mundo lleva su tiempo. No sólo los políticos y los científicos pueden cambiarlo, los artistas también”.

No puedo estar más de acuerdo.

Regresando a Juste la fin du monde, las impresiones temáticas, emocionales y técnicas que me produce no distan demasiado de las que concedieron a Mommy el valor de obra maestra. A pesar de ser obras muy distintas, ambas películas profundizan en el amor familiar; y en ambas Dolan nos remueve por dentro no solo con el tema, sino también a través de distintas técnicas que comparten idénticos propósitos narrativos.

Así, mientras en Mommy el director nos ahoga emocionalmente empleando un encuadre 1:1, en Juste la fin du monde nos asfixia mediante el uso casi absoluto de planos detalles, primerísimos primeros planos y planos medios cortos.

Por su parte, la fotografía ha vuelto a estar en manos de André Turpin. El guionista, cineasta y fotógrafo ha sido contratado por Dolan como director de fotografía para Tom à la ferme (Tom en la granja, 2013), Mommy y Juste la fin du monde. Según él mismo, en las dos últimas películas la fotografía es similar porque las imágenes “son más vívidas en forma y luz”. Sin embargo, Turpin reconoce que Juste la fin du monde tiene un empleo más inteligente de la misma, “sobre todo en relación con el movimiento de la cámara. Uno reconoce inmediatamente las escenas de flashback a través de los saturados amarillos, malvas, magentas y azules, valores de identidad de Xavier Dolan”. Por el contrario, el resto de la película es de color blanco, azulada y fría, como la relación que mantienen los miembros de la familia.

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Si algo tengo que reprocharle a Dolan es su gusto por el pop. No obstante, el modo en el que el director ensambla las imágenes y los tracks musicales (con un especial subidón de volumen en el tema ‘Dragostea din tei’, de la banda moldava-rumana O-Zone) provoca, junto al cambio de color de la imágenes, un necesario respiro audiovisual y dramático. Muchos consideran que estas secuencias se dispersan de la trama y cambian su formato por el del videoclip. Pero Dolan, que hace un año fue director del cortometraje de la canción ‘Hello’ de Adele, defiende al videoclip de acusaciones peyorativas a la par que destaca cómo:

“En una película hay momentos de narración y momentos en los que se respira. Las películas respiran en esos momentos musicales”.

Y con más tristeza que arrogancia, Xavier Dolan asegura también que:

“No he visto ninguna película de Fassbinder, aunque estoy deseoso”;

“Sobre Hitchcock sólo puedo decir que no conozco su obra en absoluto;

“He visto solo un par de películas de Bergman, y no soy fan de Godard”;

“He visto películas de Scorsese, pero no he visto Toro Salvaje”;

“La mayoría de directores están influenciados por lo que vieron cuando tenían 20 años porque comenzaron a hacer películas a los 35. Yo empecé a los 18; así que, si usas la lógica, estoy influenciado por lo que veía a los 7 u 8. Eso es Jumanji, Matilda, Solo en casa, Titanic, Batman Returns…”

“Sí. Batman me inspira mucho más que Almodóvar”.

No son las citas célebres de un “niño prodigio” pasado de moda por hacerse adulto, sino las de un joven knowmad dispuesto a convertirse en una leyenda del cine del siglo XXI.

Juste la fin du monde, Canadá, 2016.

Dirección: Xavier Dolan.

Guión: Xavier Dolan (Obra: Jean-Luc Lagarce).

Producción: Coproducción Canadá-Francia; Sons of Manual / MK2 / Telefilm Canada.

Fotografía: André Turpin.

Música: Gabriel Yared.

Reparto: Léa Seydoux, Nathalie Baye, Gaspard Ulliel, Vincent Cassel, Marion Cotillard.